26.7 millones para construir
un tapón en Acapulco
Miguel Ángel Santos
Hay una pregunta bastante sencilla para entender la polémica de Juan de la Cosa en Acapulco: ¿cómo puede una obra destinada a sacar el agua terminar convirtiéndose en un obstáculo para que el agua salga?
La respuesta está, según el análisis técnico del ingeniero Julio Santos en Construnotas, en algo que parece elemental pero que aparentemente no fue suficientemente considerado: el mar es difícil de dominar.
Es elemental saber que cuando se construye una infraestructura hidráulica en la playa, ignorar el comportamiento del oleaje, la arena y la zona de rompimiento puede convertir una solución en un problema.
La obra, con una inversión señalada de 26.7 millones de pesos, fue diseñada con muros, diques y tuberías que, de acuerdo con Santos, no llegan hasta el nivel cero ni hasta la zona donde realmente rompe el oleaje.
El resultado es particularmente preocupante: el mar deposita arena frente a las tuberías y forma lo que el ingeniero identifica como un “morro de arena”.
En términos sencillos: se construyó una salida para el agua, pero delante de esa salida puede formarse un tapón natural.
Y ahí está el verdadero problema. Durante una tormenta no hay manera práctica de mandar trabajadores a retirar arena mientras el mar golpea con fuerza.
Por eso el ingeniero Santos advierte que una solución superficial puede terminar provocando estancamientos, inundaciones, socavones e incluso el retorno del agua de mar por las propias tuberías.
Dicho de otra manera: lo que debía ayudar a evitar otra emergencia podría aumentar la vulnerabilidad de la zona cuando llegue un fenómeno meteorológico fuerte.
Pero hay otro elemento que vuelve más delicada la discusión: la planeación. El análisis de Santos cuestiona que no se conozcan con claridad los planos, la memoria técnica y un proyecto ejecutivo capaz de explicar cómo funcionará la infraestructura bajo condiciones reales.
Incluso se ha señalado la demolición de elementos recién construidos, como un muro circular cuya función no resulta clara.
Esta es una obra de esas que de inmediato exige revisarse para después decidir qué partes sirven y cuáles deben tirarse.
Y ya lo demostró con las primeras lluvias.
Los números tampoco ayudan a tranquilizar. De acuerdo con el análisis presentado en Construnotas, los daños habrían alcanzado 24.7 millones de pesos tras el evento del 12 de julio y 62.7 millones acumulados después del 24 de agosto.
La proyección planteada llega hasta 450 millones de pesos en cinco años si el problema permanece.
Frente a los 26.7 millones invertidos, la cuenta empieza a parecer una de esas ofertas públicas donde el producto original era barato, pero los accesorios terminan costando una fortuna.
Por eso la propuesta de Julio Santos resulta didáctica precisamente porque no se limita a decir “esto está mal”.
Plantea qué debería hacerse diferente: un drenaje profundo que extienda la conducción aproximadamente de 145 a 185 metros hasta alcanzar directamente el mar; compuertas mecánicas para controlar el flujo y evitar el retorno; y una obra marítima más compleja, con tablestacado y sistemas de bombeo.
Todo respaldado por un verdadero proyecto ejecutivo y un análisis costo-beneficio que considere el comportamiento del mar y los efectos del cambio climático.
El debate no debe centrarse en que si la obra se ve bonita, moderna o imponente. Una infraestructura hidráulica no se califica por cómo luce cuando no llueve, sino por lo que ocurre cuando cae el agua y el mar aumenta su oleaje.
Y Acapulco ya tuvo suficiente con Otis para seguir improvisando.
Así que la frase puede sonar exagerada, pero resume perfectamente la preocupación planteada por el análisis técnico: 26.7 millones de pesos para construir un tapón.
La pregunta del millón es saber cuánto costará desmontarlo, corregirlo y construir lo que debió hacerse desde el principio.
