Zona Cero
Beatriz Mojica: la razón por encima de la imposición
Roberto Santos
En Morena, finalmente se impuso el raciocinio. Después de semanas de especulaciones, versiones encontradas y rumores de una posible imposición, la dirigencia nacional optó por nombrar a Beatriz Mojica Morga la coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación en Guerrero.
No ganó una tómbola ni una negociación de última hora; ganó quien, hoy por hoy, venía apareciendo adelante en las mediciones internas.
Que bien que se conjuró la imposición. Porque si algo necesitaba Morena en Guerrero era evitar que su proceso interno terminara convertido en una disputa de grupos.
Mojica llegó a este momento con una ventaja construida durante meses, recorriendo municipios, participando en asambleas y manteniendo presencia territorial mientras otros esperaban que las circunstancias, las alianzas o alguna decisión de escritorio hicieran el trabajo político por ellos.
También hay una diferencia en las formas. Mientras la competencia interna elevaba la temperatura, Beatriz Mojica mantuvo una conducta marcada por la prudencia.
No convirtió la contienda en una guerra de descalificaciones ni necesitó ensuciar a sus adversarios para explicar por qué ella debía encabezar el proyecto.
Bien sabemos que la prudencia cuenta: quien aspira a conducir un partido tiene que demostrar primero que sabe controlar sus propias pasiones.
Su llamado inicial a la unidad es la primera prueba de su nueva responsabilidad.
Morena necesita llegar a 2027 sin heridas internas que después se conviertan en candidaturas resentidas, grupos desplazados o funcionarios jugando para otro lado.
Mojica tiene ahora la tarea de convertir una ventaja individual en una fuerza colectiva y demostrar que puede sumar incluso a quienes no votaron por ella en el proceso.
Hay además un elemento que no debería pasar inadvertido: experiencia y preparación.
Entre quienes participaron, Mojica es una de las figuras con mayor trayectoria legislativa, administrativa y política.
Conoce el Congreso de la Unión, ha ocupado responsabilidades públicas y entiende los tiempos de la política estatal y nacional.
En una etapa en la que Morena pretende presentar una nueva generación de políticos, resulta más razonable apostar por perfiles que lleguen por capacidad, trayectoria y resultados, y no por la fortuna de haber salido de una tómbola.
Y quizá ahí está el verdadero desafío para Morena. La transformación política de Guerrero no puede depender eternamente de los personajes de la primera ola ni de sus viejas credenciales de fundadores.
Necesita caras capaces de competir electoralmente, construir acuerdos y, sobre todo, reducir los flancos que tantas veces terminan convirtiéndose en problemas para el propio partido: acusaciones de corrupción, cuestionamientos por conductas públicas o señalamientos de presuntos vínculos con grupos delictivos.
Mojica llega con una ventaja adicional: no carga con ese tipo de lastres políticos.
Por eso su designación puede leerse como algo más que el resultado de una encuesta.
Es una señal de que Morena entendió que para ganar Guerrero necesita primero ordenar la casa.
Beatriz Mojica tiene ahora la responsabilidad de demostrar que la decisión fue correcta: sumar, reconciliar, construir estructura y convertir el liderazgo que obtuvo en las mediciones en una candidatura capaz de mantener unido al Morena.
