David Martínez Téllez
Analista político, comunicólogo y académico UAGro
Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en la mañanera, aclara que “no estamos divididos”, habría que leerlo políticamente; es indicativo lo contrario.
Se filtró en el periódico El Universal un sainete verbal entre la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, y la comisionada de elecciones, Citlalli Hernández, en donde cada cual esgrimió su posición política.
Transcribo lacónicamente: Ariadna Montiel: “Yo soy la presidenta del partido”. Citlalli Hernández: “Me puso la presidenta para cuidar sus espacios”.
Montiel llega a ese espacio de decisión por indicaciones de Andrés Manuel López Obrador; Hernández por ibídem.
Si bien son del mismo partido, el poder, cualquiera, tiene que ejercerse. AMLO es un autócrata; Sheinbaum se inclina por demócrata. Él ya fue e hizo lo que quiso y pudo; ahora le correspondería a ella por ser la presidenta. Sin embargo, el poder embelesa a cualquiera y más cuando se ha practicado culto a sí mismo. Esa personalidad se puede sellar con los dichos del personaje, por ejemplo: “Yo tengo otros datos”. O en la práctica: “Hice obras para transformar la actividad económica del país”.
En realidad, esas obras continúan con subsidios federales. Pero fueron decisiones que iniciaron y terminaron en un sexenio. Si las hubiera dejado truncas, tal vez no hubieran concluido, como está ocurriendo con el AIFA.
López Obrador tuvo un acuerdo político con Trump; luego no cumplió y el presidente gringo públicamente denostó de manera grosera al presidente mexicano. Uso la frase: “Luego luego se inclinó”.
La presidenta ha tenido, por parte de EU, trato preferencial. Es el país con escasa aplicación de elevación de aranceles en todo el orbe.
Las diferencias entre Sheinbaum y AMLO sobresalen en posiciones estatales.
Sinaloa. AMLO se protege con el exgobernador Rubén Rocha Moya. Sin estar, sigue mandando. La actual gobernadora fue su secretaria de Educación. En términos políticos, ordena el expresidente.
Ante esa afrenta, Claudia toma la decisión de colocar a sus figuras en 4 entidades: Querétaro, Campeche, Colima, Aguascalientes. En Sinaloa continúa el obradorismo.
En Guerrero asoman las diferencias entre ambos bandos.
Beatriz Mojica Morga es la de mayor experiencia política. Sin embargo, y en momentos definitorios del pasado, ultrajó tanto a Morena como a AMLO. El alfil del expresidente sigue siendo Félix. La carta de la presidenta es Esthela Damián Peralta. Todavía no hay acuerdo. Percibo que se impondrá la presidenta.
Otro escollo de las diferencias entre morenistas afloró en el Congreso guerrerense. Alguien cobró 49 o 50 cheques. Si hubiera unidad, resuelven políticamente. Ya investiga la Fiscalía Estatal. En este embrollo no se puede achacar del todo a dos bandos políticos. Pero sí a que unos prefieren la transparencia y honestidad del uso de recursos y los otros, no.
Así que los morenistas no están aliados a toda costa. Algunos dan señales de límites. Y esto es división política.
