👉 La desaparición de los normalistas rompió el silencio; familias y ciudadanos salieron a los cerros y, junto con la UPOEG, comenzaron a encontrar las fosas de una tragedia que llevaba años enterrada.
✍️ Flor Miranda Mayo
Iguala, Guerrero.— La desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa fue el detonante para que ciudadanos y familias de Iguala salieran a buscar a sus propios desaparecidos.
Cuando los normalistas fueron desaparecidos entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, pasaron días y semanas sin que existiera una respuesta para encontrarlos. En ese contexto, integrantes de la UPOEG comenzaron a organizar búsquedas de fosas clandestinas y convocaron a ciudadanos de Iguala a sumarse.
Fue entonces cuando Xitlali M., junto con otros ciudadanos y familiares, comenzó a participar en las jornadas de búsqueda que posteriormente dieron origen al colectivo Los Otros Desaparecidos de Iguala.
“Cuando los normalistas desaparecieron en Iguala, no pasaba nada. Pasaron días, semanas sin que nada ocurriera”, recordó Miranda.
La organización ciudadana se sumó a las búsquedas encabezadas por la UPOEG, en las que participaron personas como Miguel Ángel Jiménez Blanco, posteriormente asesinado; Mario Vergara, quien falleció años después; la propia Xitlali M. y otros ciudadanos que decidieron salir a los cerros para buscar indicios de personas desaparecidas.
La UPOEG les enseñó cómo buscar cuerpos enterrados en fosas clandestinas entre cerros.
De buscar a los 43 a encontrar a los otros desaparecidos
Las búsquedas comenzaron en zonas cercanas a Iguala. Ciudadanos, familiares y campesinos recorrían los cerros acompañados por integrantes de la UPOEG.
No contaban con grandes recursos ni equipo especializado. Se guiaban por información proporcionada por habitantes y familias y comenzaron a internarse en zonas ubicadas incluso a unos cuantos minutos de la ciudad; utilizaban varillas, picos y palas.
Fue ahí donde encontraron las primeras fosas clandestinas.
Sostiene que, en menos de un mes, fueron localizadas fosas con restos de 106 personas.
Los hallazgos provocaron que otras familias se acercaran y comenzaran a contar sus propias historias de desaparición.
El caso Ayotzinapa fue el punto de quiebre que permitió que esas familias dejaran atrás el miedo y comenzaran a hablar.
“Todo lo que pasó con los estudiantes de Ayotzinapa fue como el parteaguas para que las personas, las familias en Iguala, dejaran de tener miedo y empezaran a hablar de lo que había sucedido, de hablar de sus propios desaparecidos”, relató.
Las reuniones de las familias comenzaron a organizarse también en la iglesia de San Gerardo, donde, el padre Óscar les facilitó un espacio para reunirse y convocar a quienes buscaban a sus familiares.
Los cerros revelaron otra tragedia
Así comenzó a tomar forma Los Otros Desaparecidos de Iguala, un colectivo nacido en medio de la crisis provocada por la desaparición de los 43 normalistas.
Mientras madres y padres de Ayotzinapa exigían la presentación con vida de sus hijos, otras familias de Iguala comenzaron a recorrer los mismos territorios en busca de sus propios desaparecidos.
Los hallazgos de las búsquedas ciudadanas pusieron sobre la mesa una realidad que hasta entonces permanecía prácticamente oculta: Iguala también tenía una larga lista de personas desaparecidas y fosas clandestinas que las familias comenzaron a descubrir por sus propios medios.
“Era una verdad desgarradora la que se vivía en Iguala… Recuerdo que nosotros nos reunimos en la iglesia de San Gerardo, nos organizábamos y nos subíamos a la búsqueda, primero acompañados por la UPOEG”, recordó.
“Recuerdo que cuando desaparecieron los estudiantes, no sé quién acompañó a quién porque entonces la gente, las familias de Iguala, tomaron el valor de ellos para empezar una búsqueda. Encontramos muchísimas osamentas, cuerpos, más de 300, y era tan sorprendente porque eran fosas que encontrábamos tan cercanas a una colonia, a la ciudad, que era increíble pensar que pasaban esas cosas y nadie se daba cuenta”, narró.
El movimiento de Los Otros Desaparecidos nació así del dolor provocado por Ayotzinapa, pero terminó ampliando la mirada sobre la desaparición de personas en Iguala.
La búsqueda de los 43 abrió otra búsqueda: la de cientos de familias que también llevaban años esperando encontrar a los suyos.
