• vie. Sep 25th, 2026

¿Van por voluntad o a la fuerza al informe?

Por Enrique González Guerrero

El centro comercial Sam’s Club se llenó de automóviles, pero no necesariamente de clientes.

El punto se convirtió en lugar de concentración de decenas de personas que se prepararon para trasladarse al puerto de Acapulco, donde se llevará a cabo el segundo informe de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo.

Los vehículos particulares quedaron estacionados durante varias horas, mientras sus ocupantes abordaban autobuses, microbuses y urvans con destino a Acapulco.

Y aquí surge la pregunta obligada: ¿van por voluntad propia o alguien los está convocando?

Lo cierto es que, de acuerdo con lo observado, son más de 50 unidades de transporte entre autobuses, urvans y microbuses. Si cada una representa un gasto considerable, la pregunta es inevitable: ¿quién paga y de dónde salen los recursos?

¿Dónde quedó aquella austeridad republicana que tanto se pregonó desde los primeros años de la llamada Cuarta Transformación?

Porque mientras se habla de austeridad, las imágenes de las caravanas que se dirigen a Acapulco muestran otro escenario: funcionarios y representantes populares que, en muchos casos, se movilizan en camionetas blindadas, con escoltas y equipos de seguridad.

La rendición de cuentas de la presidenta ya se realizó en la Ciudad de México. Entonces, este despliegue de autobuses, camionetas y caravanas para acompañar el informe plantea otra interrogante:

¿Es un acto institucional o una demostración de fuerza política?

Porque aquello que durante años criticaron los fundadores y dirigentes de Morena —las prácticas del viejo PRI, las grandes movilizaciones y los acarreos— hoy vuelve a generar preguntas cuando se observan concentraciones de simpatizantes y contingentes trasladándose hacia un mismo evento.

Y hay otro detalle que llama la atención: algunas unidades, según lo observado, no parecen viajar a su máxima capacidad. Hay autobuses con apenas 15 o 20 pasajeros.

Entonces, ¿es austeridad o gasto político?

¿Quién paga el combustible, el transporte, los alimentos y toda la logística?

Son preguntas que merecen respuestas claras, sobre todo cuando se habla de transparencia y rendición de cuentas.

Y, ya que estamos en Acapulco, con este clima, algunos seguramente aprovecharán para darse una vuelta por las playas y hasta un chapuzón en las aguas de Santa Lucía.

¡Que viva la Cuarta Transformación!, aunque algunos ya comienzan a preguntarse si ciertas prácticas no se parecen demasiado a las de aquellos gobiernos que tanto criticaron.

Y si alguien considera exageradas estas preguntas, ahí están los datos oficiales sobre seguridad, homicidios, desapariciones y resultados de gobierno.

Porque más allá de las caravanas, los discursos y los eventos multitudinarios, la ciudadanía también pregunta:

¿Cuáles son las obras importantes? ¿Cuáles son los resultados concretos? ¿Y cuánto costó llevar toda esta operación política hasta Acapulco?

Al final, la austeridad no se anuncia: se demuestra con hechos y con cuentas claras.

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