Por / Enrique González Guerrero
Mientras algunos jóvenes buscan una oportunidad, otros deciden creársela.
Es el caso de Jhosua Toscano, joven originario de José Azueta, Zihuatanejo, y estudiante de la Facultad de Comunicación y Mercadotecnia en Chilpancingo, quien en sus ratos libres combina los libros y las aulas con una actividad que puede convertirse en algo grande: la elaboración de pastelitos y bocadillos.
Lo saludé junto con su compañero precisamente cuando entregaban un pedido en el centro comercial Liverpool. No iban de paseo: iban a trabajar.
El pedido era para otro proyecto de jóvenes emprendedores: “La Bombilla Errante”, un café móvil que también busca abrirse camino con esfuerzo, creatividad y mucho trabajo.
Aquí está lo interesante: dos emprendimientos, dos historias y una misma generación que no espera a que alguien venga a resolverles la vida.
Jhosua, además, se perfila como una joven promesa para participar en concursos de pastelería y postres. El talento está ahí; ahora toca apoyarlo.
Porque cuando un joven vende un pastel, un bocadillo o un café, no solamente estamos comprando un producto: estamos respaldando una idea, un esfuerzo y un sueño.
Así que el llamado es sencillo:
Consumamos lo nuestro. Apoyemos a nuestros emprendedores. Y cuando encontremos talento joven, no lo dejemos pasar de largo.
El futuro también se construye desde una pequeña caja de pastelitos y una taza de café.
