Roberto Santos
En política hay que saber quiénes son aquellos que más que aparecer en una encuesta, prefieren construir presencia en el territorio, porque saben que esto les dará las herramientas para calcular cómo se comportará una elección cuando llegue el momento de tomar decisiones.
Eso ayuda a entender lo que está ocurriendo con Javier Saldaña Almazán dentro del proceso interno de Morena en Guerrero.
Saldaña está optando por una estrategia elemental, pero políticamente poderosa: recorrer el estado, reunirse con la gente y convertir cada asamblea en una demostración de capacidad de convocatoria.
Los números de sus concentraciones son interesantes y llaman la atención.
En la colonia Emiliano Zapata de Acapulco, más de 2 mil personas participaron en una asamblea informativa, con presencia de vecinos de alrededor de 20 colonias.
En Tlapa, en el corazón de La Montaña, la convocatoria habría superado las 3 mil personas, con asistentes provenientes también de municipios como Olinalá, Copanatoyac, Huamuxtitlán, Cochoapa El Grande, Xalpatláhuac y Metlatónoc.
Los observadores, destacan dos cosas que el exrector está realizando.
Primero: Saldaña está ampliando su red territorial.
No se limita a los grandes centros urbanos. Acapulco representa una parte fundamental del electorado guerrerense, pero La Montaña tiene otra lógica política, social y comunitaria.
Llegar a Tlapa y conseguir que simpatizantes de distintos municipios se movilicen implica comenzar a tender puentes fuera de los espacios tradicionalmente más visibles.
Segundo: está convirtiendo su discurso en un mensaje reconocible.
En sus intervenciones insiste en respaldar a la presidenta Claudia Sheinbaum, defender el proyecto de la Cuarta Transformación y colocar la soberanía nacional como uno de los ejes de su discurso.
Esto es un proceso interno donde todos los aspirantes se presentan como representantes de la transformación y la identificación con la presidenta puede mantener cohesión partidista y evitar que la sucesión estatal profundice en una confrontación interna, como ya sucede. Por eso la importancia de su llamado a la unidad interna de Morena resulta de vital importancia.
Tercero: hay una señal que conviene observar con cuidado. Donde llega Saldaña, hay respuesta social.
Eso no significa automáticamente que tenga ganada la candidatura ni que una concentración sea equivalente a una encuesta. Sería un error confundir movilización con intención de voto.
Aunque tampoco se puede minimizar, porque una candidatura necesita estructura, simpatizantes, operadores, presencia territorial y capacidad para movilizar.
Así que las concentraciones sirven precisamente para saber qué tan profunda puede ser esa estructura.
Y Saldaña ha demostrado que este proceso de construcción avanza en todo el estado.
Además, Guerrero no se gobierna únicamente desde Acapulco o Chilpancingo. Las regiones tienen dinámicas propias, liderazgos comunitarios, organizaciones sociales y redes políticas que pueden modificar una contienda.
Por eso, el recorrido de Saldaña por Acapulco y la Montaña debe leerse como parte de una estrategia más amplia: entrar en contacto con diferentes segmentos sociales antes de que llegue el momento decisivo.
Hay otro elemento que puede resultar todavía más importante.
Cada asamblea exitosa genera una especie de efecto multiplicador. Las fotografías circulan, los videos se comparten, los dirigentes locales toman posición y los asistentes se convierten en promotores de una narrativa, que demuestra que este aspirante está creciendo.
Por eso, el reto de Saldaña no debe ser solamente llenar plazas. Sino convertir esas plazas llenas en organización permanente.
Ahí está la verdadera prueba.
Si después de cada asamblea quedan comités activos, enlaces municipales, promotores y una estructura capaz de mantener el contacto con las comunidades, entonces las concentraciones dejarán de ser fotografías para convertirse en capital político.
Gracias a esa dinámica, Saldaña está construyendo una candidatura que se siente en el territorio.
Morena tendrá que procesar eventualmente todas esas señales: encuestas, conocimiento de los aspirantes, aceptación, estructura, capacidad de movilización y, sobre todo, qué candidato puede representar mejor la continuidad del proyecto de transformación en Guerrero.
Por ahora, el exrector Javier Saldaña ha entendido una regla básica de la política: antes de pedir el voto, debe fortalecer su presencia; antes de buscar una candidatura, debe mostrar la fortaleza del movimiento alrededor de ella.
Y en esa tarea, al menos por lo que muestran sus recientes recorridos, Saldaña sigue ganando terreno en todo el estado.
