Roberto Santos
Resulta interesante —y hasta disruptivo— lo que está proponiendo la diputada local Marisol Bazán Fernández, consistente en revisar los nombres de políticos y personajes vinculados con la represión social para retirarlos, cuando corresponda, de calles, avenidas, escuelas y espacios públicos de Guerrero.
Aunque a simple vista parece un asunto de placas y nomenclaturas, en realidad toca de manera profunda la memoria colectiva y la forma en que el poder decide quién merece ser recordado.
Cada día, sin darnos cuenta, repetimos apellidos que el Estado convirtió en parte del paisaje cotidiano. Una placa no sólo orienta; también recuerda, legitima y, en cierta medida, normaliza.
Sin duda, la propuesta de Bazán toca fibras sensibles: ¿qué ocurre cuando una sociedad continúa homenajeando en sus espacios públicos a personajes asociados con la represión, mientras las víctimas permanecen en el anonimato?
Una pregunta que obliga a mirar el pasado desde el presente, destacando su dimensión psicológica.
Porque las sociedades, como los individuos, también tienen mecanismos de negación. Pueden ocultar episodios dolorosos, racionalizarlos o convertirlos en una versión cómoda de la historia.
Un monumento, una estatua o el nombre de una calle pueden terminar funcionando como símbolos de normalización de un pasado que nunca fue realmente resuelto.
Desde esa perspectiva, Bazán no propone borrar la memoria, sino modificar aquello que el espacio público presenta como algo digno de homenaje.
La diputada convierte esta propuesta en una pregunta de poder: ¿quién merece una calle, una escuela, una plaza? Y, detrás de esa pregunta, hay otra todavía más importante: ¿qué valores quiere transmitir el Estado a las nuevas generaciones?
Hay que decirlo: Marisol Bazán tampoco es una improvisada.
Su trayectoria viene de la izquierda, de la defensa de los derechos de las mujeres y del activismo social. Ha construido además una estructura social con perfil feminista dentro de Morena.
Violencia vicaria, igualdad, diversidad y protección de grupos vulnerables forman parte de una agenda que ahora incorpora otro componente: memoria histórica y derechos humanos.
En ella comienza a consolidarse una combinación política bastante definida: izquierda, feminismo y militancia morenista.
Pero hay algo más. Esa agenda también se está convirtiendo en un instrumento de rápido crecimiento político.
Su actividad legislativa, su capacidad de gestión y su relación con distintos sectores sociales le permiten ampliar sus bases y fortalecer una presencia que ya no se limita al Congreso.
Bazán no se conforma con ocupar una curul. Está construyendo su propia narrativa. Y eso puede darle algo que todo aspirante necesita antes de una elección: diferenciación, identidad y legitimidad.
En Morena, donde la competencia por espacios y candidaturas rumbo a 2027 será intensa, tal como lo vemos, tener una agenda reconocible, será una ventaja.
Por eso no resulta exagerado decir que Marisol Bazán es una política en crecimiento, con potencial territorial en construcción en Acapulco y con posibilidades de ampliar esa presencia en Guerrero.
Tampoco resulta difícil advertir que este trabajo le permitirá llegar a las boletas de 2027, al tener visibilidad legislativa, agenda propia, identidad ideológica, militancia, gestión social y una narrativa capaz de conectar con sectores sensibles a los derechos humanos y la memoria colectiva.
Su propuesta sobre los nombres de personajes vinculados con la represión puede adquirir mayor legitimidad si se sostiene en criterios históricos, jurídicos y documentales, y no en una lógica de revancha partidista.
Sin duda, su principal desafío será convertir una causa política en una política de memoria con sustento institucional, algo que seguramente muchos lo han pensado pero no lo pudieron llevar a efecto.
Independientemente del 2027, el nombre de Marisol Bazán, seguirá asociado con una izquierda feminista, con los derechos humanos y con una revisión crítica de la memoria pública de Guerrero.
Si prosigue en la ruta de convertir esa identidad en territorio, organización y respaldo ciudadano, entonces la discusión sobre las placas puede terminar siendo mucho más grande de lo que parece.
Puede convertirse en el primer capítulo de una candidatura.
