• jue. Oct 15th, 2026

Zona Cero || Guerra sucia por la coordinación de Acapulco

Roberto Santos

En Morena se acerca una hora de definiciones que puede dejar fuera a más de uno, particularmente a quienes llegaron a los cargos por tómbola y confundieron la suerte con la trayectoria política.

El proceso interno rumbo a 2027 pondrá a prueba la capacidad de construir acuerdos, el trabajo con la gente, el arraigo social y, sobre todo, la inteligencia para hacer política sin convertir a los compañeros de partido en enemigos.

La contienda por la Coordinación Municipal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Acapulco ya muestra los vicios que Morena debería haber superado.

Sin reglas no escritas ni valores entendidos, algunos han confundido la competencia interna con una guerra sin cuartel, donde desacreditar al adversario parece más importante que demostrar méritos propios.

El caso de Joaquín Jacko Badillo Escamilla ilustra esta tensión. El diputado morenista enfrenta una campaña de desprestigio, que se intensificó después de manifestar su intención de competir por la coordinación municipal.

El diputado señaló la aparición de páginas de Facebook que difunden publicaciones negativas, memes y materiales presuntamente manipulados para desacreditarlo.

Sostuvo que algunas de esas páginas pagan publicidad para amplificar sus contenidos.

La historia parece repetirse. Cuando Beatriz Mojica Morga avanzaba en la definición de la coordinación estatal, también hubo ataques que terminaron exhibiendo las dificultades de algunos actores para aceptar que la política no siempre les dará la razón.

Ahora, en Acapulco, la disputa amenaza con reproducir la misma lógica: en lugar de convencer a la militancia y a la ciudadanía con resultados, se pretende debilitar al contrincante mediante la descalificación.

Y es aquí donde Morena tendrá que distinguir entre dos maneras de hacer política. Una es la que apuesta por el golpeteo, la intriga y la polarización; la otra es la que construye estructura, atiende necesidades, dialoga y sabe sumar voluntades sin exigir que todos piensen igual.

En tiempos de escasez de agua, inseguridad y rezagos urbanos, la gente necesita respuestas, no espectáculos de descalificación y Jacko Badillo ha promovido, entre otras acciones que deberán evaluarse por sus resultados, el suministro gratuito de agua mediante pipas durante las dificultades de abastecimiento en Acapulco.

También ha reivindicado su trabajo legislativo y la búsqueda de acuerdos dentro de su bancada. La discusión debería centrarse en los resultados comprobables, no en campañas de rumores.

Habrá que agregar que el proceso interno no tendría que ser un refugio para quienes arrastren señalamientos graves o pretendan utilizar la política como escudo.

El registro y la selección deben privilegiar a quienes no tengan asuntos pendientes que comprometan su integridad, no estén involucrados en conductas ilícitas acreditadas ni enfrenten señalamientos fundados de autoridades mexicanas o estadounidenses que deban ser aclarados.

También será el momento de revisar qué tanto aportan quienes llegaron a la representación popular mediante la tómbola y qué han hecho después para ganarse la confianza de la gente.

La verdadera prueba para Morena será escoger a quienes tengan trabajo con la población, trayectoria, capacidad de diálogo y una conducta que resista el escrutinio público.

Y también reconocer a quienes entienden que hacer política inteligentemente no significa destruir al adversario, sino construir una mayoría capaz de gobernar. La guerra sucia puede lastimar reputaciones, pero no reemplaza el trabajo ni fabrica arraigo donde no existe.

La unidad no se logra tomándose una fotografía juntos después de haberse despedazado en las redes.

Se demuestra respetando las reglas, aceptando la competencia y entendiendo que el adversario político no siempre está en otro partido: a veces es la propia ambición la que termina devorando al movimiento.

Si Morena quiere llegar fortalecido a 2027, tendrá que dejar atrás la política de la descalificación y apostar por la inteligencia, la honestidad y el compromiso con Acapulco.

La tómbola pudo repartir candidaturas; no puede repartir liderazgo. Y ninguna campaña de desprestigio sustituirá lo que verdaderamente importa: el trabajo, el arraigo y la capacidad de construir con la gente.

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