Roberto Santos
En Chilpancingo hay tamales para todos los gustos: de queso, chile y manteca. Unos salen buenos, otros más o menos y algunos son tan malos que ni con hambre se dejan comer.
En la política ocurre algo parecido, sobre todo ahora que Morena abrió el registro para buscar la coordinación municipal de los Comités de Defensa de la Transformación, una posición que representa el primer escalón rumbo a la candidatura por la alcaldía capitalina.
Son once los aspirantes que han hecho público su registro.
Hay diputados, exfuncionarios, operadores políticos, herederos de apellidos conocidos y personajes que llevan tiempo buscando una oportunidad.
Lo que no queda claro en todos los casos es qué han hecho, qué proponen o qué tienen pensado hacer para sacar a Chilpancingo del rezago en que se encuentra.
Distinto es anotarse en una lista y otra tener capacidad para gobernar.
La capital de Guerrero necesita mucho más que aspirantes con padrino político y ganas de aparecer en la boleta.
Requiere propuestas serias para resolver el problema del agua, mejorar los servicios públicos, ordenar el crecimiento urbano, recuperar la seguridad y hacer que el gobierno municipal deje de vivir apagando incendios.
Sin embargo, algunos parecen haber descubierto de pronto su vocación transformadora, justo cuando se abrió la oportunidad de competir.
Como si el registro fuera suficiente para acreditar un compromiso que nunca se vio en los hechos.
La diversidad de grupos demuestra que la disputa no será solamente por convencer a los ciudadanos, sino también por medir fuerzas dentro del partido.
Cada aspirante llega con sus relaciones, sus respaldos y sus propias cuentas políticas.
Pero el problema empieza cuando el capital político pretende sustituir a las propuestas, y la oportunidad de conseguir una candidatura se confunde con el derecho a gobernar.
Hay, además, un asunto más delicado.
Morena no debería permitir que entre sus aspirantes estén quienes hayan hecho algo semejante a lo ocurrido con Norma Otilia Hernández, quien fue cuestionada por reunirse con un presunto líder criminal.
Ese episodio terminó truncando su carrera dentro del partido y dejó una lección que no debería ignorarse: cualquier encuentro de esa naturaleza puede comprometer la credibilidad de un proyecto político y generar dudas legítimas sobre la conducta de quien pretende representar a la ciudadanía.
No se trata de condenar a alguien sin pruebas ni de convertir una fotografía o una reunión en una sentencia.
Pero sí de exigir congruencia y estándares claros.
Si Morena consideró que el caso de Norma Otilia Hernández afectó su trayectoria política, entonces no debería dejar pasar a personas que hayan incurrido en conductas similares.
La transformación no puede tener una vara para unos y otra para quienes cuentan con respaldo político.
El partido oficial enfrenta un momento complicado. Los señalamientos sobre presuntos vínculos criminales y los escándalos de corrupción han colocado bajo presión su discurso de regeneración política.
Por eso, permitir que cualquier personaje se presente como representante de la transformación sin una revisión seria de su trayectoria puede convertirse en un problema mucho mayor que una simple disputa municipal.
La congruencia también se demuestra al seleccionar candidatos, no solamente al pronunciar discursos.
Chilpancingo no necesita políticos que se acuerden de la ciudad cuando hay una candidatura en juego.
Necesita gente que conozca sus problemas, que tenga soluciones y que esté dispuesta a responder por ellas.
La diferencia entre un aspirante y una opción de gobierno está precisamente ahí: en lo que puede demostrar, no en lo que promete ni en quién lo respalda.
Al final, Morena tendrá que decidir qué quiere servirle a la capital: un proyecto con sustancia o una colección de envolturas mal hechas.
Los que se registraron son como los tamales que se venden en Chilpancingo; no todos son buenos.
Solo que, a diferencia del puesto de la esquina, el costo de escoger mal no se paga con una mala comida, sino con otros tres años de problemas para toda la ciudad.
