Por Enrique González Guerrero
Fotografía de Archivo
Eran las 5 de la mañana.
Hace 29 años, en una mañana fría como la de hoy, mi amigo Raúl Martínez y yo esperábamos en los andenes de la terminal de Flecha Roja, en Chilpancingo, la llegada de los paquetes del periódico Novedades Acapulco.
La brisa y el viento soplaban con fuerza.
—Hace frío —comentábamos.
Pero el frío no era lo único extraño aquella mañana.
Pasó una hora. Luego otra.
Los paquetes del periódico no llegaban.
En aquellos años no teníamos teléfonos celulares. Para comunicarnos utilizábamos el teléfono de la caseta. Intentamos llamar a Ignacio Anguiano Aguilera, encargado y jefe inmediato, pero no contestaba.
Algo estaba ocurriendo.
Frente a la terminal se encontraban las oficinas de Novedades Guerrero. Los reporteros comenzaron a investigar. Las noticias que llegaban de Acapulco eran cada vez más preocupantes.
Reporteros de distintos medios comenzaron a organizarse y algunos emprendieron el camino hacia el puerto.
La tragedia empezaba a conocerse en cadena nacional.
Paulina había golpeado Acapulco.
LAS PRIMERAS IMÁGENES
Entre los periodistas que llegaron al puerto estaban los fotoperiodistas Alejandrino González Reyes y mi hermano Carmelo González Guerrero.
Al llegar al Túnel de Agua de Obispo, encontraron las primeras imágenes que mostraban la verdadera dimensión de lo que estaba ocurriendo.
Familias atrapadas.
Lodo.
Piedras.
Vehículos arrastrados por la corriente.
El paisaje de Acapulco había cambiado en cuestión de horas.
Después acompañaron a personal del Semefo, entre ellos Martín Amable, quien, junto con sus compañeros, trabajaba a marchas forzadas ante la magnitud de la tragedia.
Las calles y avenidas se habían convertido en ríos.
La barranca del Camarón mostraba la fuerza del agua y el lodo. Autos quedaron sepultados y numerosas familias sufrieron las consecuencias de aquella noche que quedó grabada para siempre en la memoria de Acapulco.
Los medios impresos tampoco escaparon a la tragedia. El agua alcanzó instalaciones, oficinas y maquinaria.
Pero los periodistas continuaron trabajando.
Había que informar.
Había que fotografiar.
Había que contar lo que estaba sucediendo.
ACAPULCO, MARCADO POR PAULINA
Colonias como Palma Sola, Progreso, Infonavit y muchas otras zonas del puerto quedaron marcadas por aquella tragedia.
Paulina dejó una profunda herida en Acapulco y en Guerrero.
Han pasado 29 años.
Después vendrían otros fenómenos naturales que nuevamente pondrían a prueba a los guerrerenses.
Hoy, al mirar hacia atrás, recuerdo aquella madrugada en Chilpancingo, esperando unos paquetes de periódico que nunca llegaron a la hora acostumbrada.
Entonces no sabíamos todavía la dimensión de lo que estaba ocurriendo.
Ahora, 29 años después, sabemos que aquella espera en los andenes fue también el comienzo de una de las coberturas periodísticas más dolorosas que nos tocó vivir.
29 AÑOS DESPUÉS
Mis amigos y contemporáneos de aquella época somos cada vez menos los que quedamos para contarla.
Muchos compañeros ya se adelantaron.
Mi jefe, Miguel Ángel Arrieta, y tantos amigos y colegas que compartieron aquellos años, ya descansan en paz.
A ellos también los recuerdo.
Porque una crónica no solamente cuenta lo que pasó.
También guarda los nombres, los rostros, las voces y los recuerdos de quienes estuvieron ahí.
Paulina ocurrió hace 29 años, pero para quienes la vivimos desde el periodismo, aquella madrugada sigue estando presente.
Acapulco se levantó. Guerrero también.
Y nosotros, los que todavía podemos contarlo, tenemos la responsabilidad de mantener viva la memoria.
