Por: Enrique González Guerrero
Coacoyulillo, municipio de #Chilpancingo.
Momentos de tensión se vive en esta comunidad, donde pobladores se oponen al ingreso de elementos de la Guardia Nacional a sus domicilios.
De acuerdo con testimonios de habitantes, algunos pobladores salieron a la defensa de sus viviendas portando machetes, palos y piedras, mientras que elementos de la Guardia Nacional habrían realizado disparos al aire y utilizado gas lacrimógeno para dispersar a los inconformes y evitar que la situación escalara a una confrontación mayor.
Los pobladores denuncian que durante el operativo se efectuaron disparos al aire y se lanzó gas lacrimógeno en una zona habitada, donde se encontraban familias y menores de edad, algunos de los cuales, aseguran, resultaron afectados por la inhalación del gas.
Ante estos hechos surgen varias interrogantes:
¿Actuaron correctamente los elementos de la Guardia Nacional para restablecer el orden?
¿O hubo un uso excesivo de la fuerza al ingresar a una comunidad habitada y emplear gas lacrimógeno?
La respuesta deberá establecerse a partir de una investigación objetiva que determine qué ocurrió, cuál fue el nivel de resistencia de los pobladores, si existía una orden legal para ingresar a los domicilios y si el uso de la fuerza se ajustó a los protocolos correspondientes.
Lo que no debe perderse de vista es que la seguridad de la población, particularmente de niñas, niños y personas ajenas al conflicto, debe ser una prioridad.
Coacoyulillo y las comunidades de la Sierra de Chilpancingo han vivido durante los últimos meses un escenario complicado de inseguridad y desplazamiento de familias por temor a grupos delincuenciales.
Por ello, más que una confrontación entre pueblo y fuerzas de seguridad, la exigencia ciudadana debe ser seguridad con respeto a los derechos humanos y sin poner en riesgo a la población civil.
