David Martínez Téllez
Analista político, comunicólogo y académico UAGro
Consecuente con su historial político, Norma Otilia Hernández Martínez consigue que se hable de ella. Estuvo, está y seguirá en el morbo. Así ha sido el comportamiento político. Suscrito en el escándalo.
No hay propuestas o asomo de ideas de esa palabra llamada proyecto. Es pedirle agua a la piedra.
Recuerdo, por ejemplo, su momento para titularse al grado de licenciatura en la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la UAGro.
Era diputada local. Y lo fue por el arrastre de la popularidad de AMLO.
Para postularse a la presidencia municipal, echó mano de su posición como “legisladora” para titularse en la institución. En menos de medio año presentó tesis, defensa de la investigación, luego consiguió título y cédula profesional. Otro evento express.
Echada para adelante como licenciada, se apuntó para la presidencia municipal en 2021.
Las circunstancias le fueron favorables: partido Morena en ascenso, amiguísima de la familia Salgado Macedonio (papá senador; hija gobernadora), activa y disruptiva, además de verbo elemental con disentería. Cualidad que a algunos dirigentes les encanta y a otros les avergüenza porque habla sin contenido.
Durante su administración municipal hizo gala del espectáculo. Para comenzar, su manera de vestir pasa por sus expresiones y termina aduciendo cientos de obras de ornato.
El declive como presidenta municipal es el multicitado encuentro con un líder de un grupo delincuencial. Ya le habían enviado diversos avisos. Le exigían cumplir acuerdos. Incendios en el mercado central y cuerpos asesinados alrededor del edificio municipal.
Para evitar ‘oídos sordos’ o hasta de una posible declaración de negación por parte de Otiliinternacionales sus medios aliados la grabaron y circularon en redes, medios de comunicación y hasta periódicos internacionales el acontecimiento.
Era y sigue siendo prueba de acercamiento o vínculo de políticos morenistas con aquellos.
Otilia se defendió con un relato en formato de libro donde intenta convencernos de que “me engañaron”.
A lo mejor y todos los lectores le creyeron; no sus dirigentes. La quisieron expulsar. No pudieron. Siguió siendo morenista y hasta delegado nacional.
Acaba de renunciar a Morena. Esta posición lleva a dos lecturas políticas: puede ser nuevamente candidata a la presidencia municipal por la oposición o simplemente en un evento electoral – como se aprecia cerrado – con un pequeño grupo organizado que trae Otilia podría ser el plus ganador en 2027.
Efectivamente, como ya lo escribí, casi todos hablan de Norma Otilia. Pero un ruido político no es eterno. La ventaja de Otilia en lides políticas es que le fascina increpar. Fiel a su perfil político-educativo.
Desventaja: la conocen, saben de sus debilidades o vicios. Estarán divinas las declaraciones perniciosas para alimentar lo inocuo; y, ni modo, eso le gasta al respetable.
