Bodas de Oro, medio siglo de una historia que comenzó con dos y hoy celebra toda una familia
Por / Enrique González Guerrero
Hay historias de amor que comienzan con una mirada, otras con un “sí, acepto”. Pero hay historias que, con el paso de los años, dejan de ser solamente de dos personas y se convierten en la historia de toda una familia.
Es el caso de Natalia González Guerrero y Mario Lorenzo Ramírez, quienes acaban de escribir uno de los capítulos más importantes de su vida: 50 años de matrimonio.
Medio siglo.
Parece fácil decirlo, pero detrás de esos 50 años hay cinco décadas de levantarse juntos, compartir la mesa, enfrentar problemas, celebrar alegrías, criar hijos, recibir nietos y ahora disfrutar de un bisnieto que corre, juega y llena de alegría los días de los abuelos.
Un matrimonio de 50 años no se construye solamente con amor. Hace falta comunicación, respeto, comprensión, paciencia, cariño y saber escuchar.
Pero también hay que conocer el secreto de la famosa liga.
Sí, la liga.
Porque la vida matrimonial se parece mucho a una liga: hay ocasiones en que hay que estirarla para soportar las circunstancias; pero cuando está demasiado tensa y parece que va a reventar, hay que saber aflojarla.
Estirar y aflojar.
Eso han hecho Natalia y Mario durante cinco décadas.
Nunca soltarla.
Nunca permitir que se rompa.
Y así, entre estirar y aflojar, fueron construyendo su propia historia.
Llegaron Vianey y Arali, las hijas que dieron otro sentido a aquella unión. Después llegaron los nietos y las nietas, y finalmente ese pequeño bisnieto que hoy corre de un lado a otro y que, sin saberlo, se ha convertido en una de las mayores alegrías de este matrimonio.
Cuando uno mira a Natalia y Mario después de 50 años, entiende que las Bodas de Oro no son solamente una celebración de pareja: son la celebración de una familia que nació de aquel amor.
Por eso la fecha reunió a hermanas, hermanos, hijas, nietos, nietas, bisnieto y amistades.
Primero, como buenos creyentes, las gracias a Dios.
Después, la reunión familiar.
La mesa, los abrazos, las fotografías, las sonrisas y seguramente aquellas historias que solamente los protagonistas pueden contar.
En un conocido centro de Chilpancingo, la familia se reunió para celebrar algo que hoy resulta cada vez más especial: 50 años de matrimonio.
Mientras unos brindaban, otros recordaban. Los más jóvenes quizá escuchaban con sorpresa las historias de aquellos primeros años, mientras los mayores miraban con satisfacción a la familia que creció alrededor de Natalia y Mario.
Y seguramente, entre tanta alegría, hubo un momento para mirar hacia atrás.
Aquellos primeros días.
Los sueños de juventud.
Los hijos pequeños.
Las preocupaciones.
Los días difíciles.
Las celebraciones.
Los nietos llegando.
Y ahora un bisnieto corriendo entre las mesas.
Así pasan los años.
Así se construye una vida.
Así se llega a las Bodas de Oro.
Cincuenta años son mucho más que un aniversario. Son una vida compartida.
Natalia y Mario han demostrado que el amor también consiste en saber ceder, comprender, perdonar, acompañar y volver a comenzar.
Por eso hoy la recomendación es sencilla:
Sigan estirando la liga cuando la vida lo exija, pero cuando esté a punto de reventar, sepan aflojarla.
Porque después de 50 años, la liga no solamente ha resistido.
Ha unido a toda una familia.
¡Felicidades, Natalia y Mario!
Recordemos que la Hermana Natalia, la llamamos Margarita, Maga, muy popular Maga, no es por que sea mi hermana pero tiene amigas comabres, que cuando sale al mandado la mayoria la saluda platica y dice ya me voy por que ya le voy hacer la comida a Mario…
¡Felices Bodas de Oro y que Dios les permita seguir caminando juntos muchos años más, rodeados del cariño de sus hijos, nietos, bisnieto, familiares y amigos!
