¿Quién pierde más: Yoshio Ávila o Esthela Damián? Spoiler: la soberbia. Crónica de una fractura anunciada.
Del plato a la boca se cae la sopa. Es refrán viejo, pero en política guerrerense parece que hay que abordarlo en las oficinas de campaña. Especialmente en la de Esthela Damián.
Porque una cosa es creer que ya llevas ventaja y otra muy distinta es comportarse como si ya hubieras ganado… cuando ni siquiera te han dado la candidatura. Y eso, amig@s, se llama soberbia. Y la soberbia en política no suma votos: resta aliados.
Saludos desde este espacio que no tiene presupuesto para encuestas pagadas, pero sí memoria. ¿Se acuerdan de que aquí les dije que la gubernatura se definía entre Esthela y Beatriz Mojica? Pues me retracto. No porque Mojica ya haya ganado, sino porque Esthela decidió regalarle balas al enemigo… gratis.
Primer acto: “Declaro lo que pienso y luego veo si me conviene”.
Las últimas entrevistas de la señora Damián son un manual de cómo no hablar cuando quieres ser candidata. Frases que dejan más dudas que certezas. Estrategia de posicionamiento que, lejos de acercarla a Palacio de Gobierno, la manda directo a la sala de espera. Con café frío.
Segundo acto: “Los priistas sí, pero no tanto”
Hace unas semanas tuvo que apagar un incendio con su propia base de izquierda. ¿El motivo? Una pasarela de priistas recién conversos que se formaron en su proyecto como si regalaran despensas. Logró limar asperezas. Costó, pero lo logró. Aplausos por eso.
Tercer acto: “Con Yoshio me peleo y Dios que reparta suerte”.
Aquí es donde la soberbia se graduó con honores. Romper con Yoshio Ávila no es romper con un operador cualquiera. Es romper con el aspirante a Acapulco que hoy por hoy camina en las calles y cuenta con la simpatía de muchos acapulqueños.
Y por si su equipo de “estrategas” no le pasó el memo: el 70% de la encuesta de MORENA para definir candidato se juega en Acapulco. Sí, leyó bien. Setenta. Por. Ciento.
Entonces la pregunta es simple y sería: ¿A quién se le ocurre dinamitar el puente principal antes de cruzar el río?
La política real no es de likes ni de porras pagadas. Es de operación. Y la operación dice que necesitas al puerto si quieres Guerrero. Necesitas votos, no aplausos de tu círculo rojo.
Cuando ni la familia te aplaude
Lo más simbólico y triste del caso: su propio tío, don Pioquinto Damián Huato, decidió no apoyarla. ¿Qué solo es un voto? Sí. ¿Qué mediáticamente es un balazo en el pie? También. Porque si no puedes convencer a tu sangre, ¿cómo vas a convencer a un Estado?
En política, como en la vida, se trata de sumar. Cada voto, cada líder, cada seccional cuenta. Restar por ego es el lujo que sólo se dan los que ya perdieron y no se han enterado.
Porque la regla no ha cambiado: entre más tengas, más fácil ganas. Pero sin soberbia, porque la última palabra la tiene la gente. Y la gente cobra facturas.
Del plato a la boca se cae la sopa. Y a veces también la candidatura.
Hasta la próxima. No se enojen. No me lo tomen a mal, solo es un comentario, nada personal…
