Por Daniel Mercado
Muchos hablan sin haber estado ahí. Pero los que vivimos en Acapulco entre 2009 y 2012 sabemos lo que se sintió ver a un presidente municipal trabajar de verdad.
Manuel Añorve Baños no llegó a robar, llegó a trabajar y puso orden. Lo primero que hizo fue algo que pocos se atreven: conformó un equipo y lo disciplinó. Les exigió resultados. Los motivó. Les quitó la flojera del escritorio y los mandó a la calle, a las colonias, a donde está la gente. Un gobierno que entendió que Acapulco no solo es la Costera, también son sus cerros, sus colonias y su gente que madruga.
Realizó audiencias públicas en donde estaban presentes los titulares de las oficinas que representaban al gobierno para atender y resolver cara a cara las demandas de la sociedad, algo que en los tiempos de ahora ya no pasa, porque hoy, cuando un ciudadano tiene una necesidad y busca algún funcionario, ya no lo encuentra en su escritorio. Los funcionarios de hoy se han vuelto estrellas inalcanzables.
Manuel Añorve fue un alcalde con una responsabilidad que no se ve todos los días. Sin horarios. Sin excusas. Trabajando 24/7, con cansancio pero sin rajarse. Porque Acapulco no descansa y el turismo tampoco.
¿Y qué dejó? Dejó obras que hoy sigues usando.
1. El Puente Bicentenario, el que sí nos desahogó.
Se realizó sobre la Avenida Cuauhtémoc, avenida secundaria pero vital para la Costera Miguel Alemán, y su objetivo fue desahogar los cruceros de la Avenida Universidad y Wilfrido Massieu. Fue una obra tan acertada que la administración posterior extendió el puente bicentenario hasta el ayuntamiento que se encuentra en el Parque Papagayo, evitando los grandes conflictos viales que padecían los acapulqueños en esta vía que ya resultaba obsoleta y, con la modernización, este puente vino a desahogar esos conflictos viales. Hoy, cada vez que lo cruzas sin tráfico, ahí está su trabajo.
2. Las techumbres que le devolvieron la dignidad a nuestros hijos.
Más de 500 techumbres. No son números, son niños que ya no se desmayaban en honores a la bandera por el solazo. Son escuelas y canchas de colonias olvidadas que por primera vez tuvieron sombra.
3. Nos devolvió los parques.
Donde había monte y basura, puso juegos, canchas con luz y aparatos para hacer ejercicio. Le quitó espacio a la delincuencia y se lo regresó a las familias.
4. Le entró a donde más duele: a la casa.
Con su programa de apoyo a hogares en obra negra. Fueron familias que por fin pudieron terminar su casa o echarle techo a su cuarto, con un cuarto más a su hogar porque la familia seguía creciendo.
5. Nos arregló la cara: el Bulevar Vicente Guerrero.
La remodelación del bulevar Vicente Guerrero fue la carta de presentación del puerto, ya que es la entrada principal al puerto de Acapulco, y también la salida. Limpio, iluminado y bonito por primera vez.
6. Le metió mano a lo que nadie quiere: el agua.
Rehabilitación de plantas tratadoras y potabilizadoras de CAPAMA, cambio de tuberías y el impulso a las fuentes de El Quemado y El Pedregoso. Plantas tratadoras y potabilizadoras que ahora están en el abandono después de que él las dejó funcionando, haciendo una inversión que nunca se había realizado para poder llevar agua a las casas de los acapulqueños. Además de las brigadas de más de 50 pipas de agua gratuita repartiendo diariamente en las colonias en las que por alguna razón no llegaba el agua. Desde antes de gobernar estuvo pendiente de llevar el agua a todas esas colonias que otros gobiernos tenían olvidadas.
7. Defendió el turismo como nadie.
Cuando quisieron llevarse el Tianguis Turístico, él fue el único que se plantó y defendió a Acapulco; ya nos habían arrebatado este evento que nació en Acapulco y para Acapulco, logrando que por lo menos fuera itinerante, es decir, un año en el interior de la república y regresando cada dos años a Acapulco.
Se llevó el “Acapulcazo” a la Ciudad de México para traer turistas con descuentos reales. Y en la calle, puso a su policía turística a cuidar desde Barra Vieja hasta Pie de la Cuesta.
8. Y no se olvidó del que menos tiene.
Con el programa de obra comunitaria y mejoramiento de vivienda con la Congregación Mariana Trinitaria para las comunidades más pobres, donde en Acapulco se vieron beneficiadas más de 2000 familias con apoyos de láminas, tinacos y material de construcción para terminar sus obras incompletas. Recuerdo que en el kilómetro 42 se organizaron para juntar el recurso Y aplicarlo de forma conjunta para la pavimentación de calles en este pueblo y en otros pueblos cercanos; repitieron la misma estrategia.
Eso y mucho más fue el gobierno de Manuel Añorve Baños. No fue un gobierno perfecto, fue un gobierno humano, presente y chambeador. Un alcalde que no se escondió y que puso a todo su equipo a trabajar por Acapulco y por su turismo.
Porque cuando se quiere a Acapulco, se nota.
