Por / Enrique González Guerrero
Mientras para Luz Fabiola Matildes Gama, presidenta del IEPC Guerrero, el calendario electoral todavía tiene sus tiempos y sus formas, en la práctica política de Guerrero parece que la sucesión gubernamental ya arrancó.
Y arrancó con todo: diputaciones federales, diputaciones locales, ayuntamientos y, desde luego, la gubernatura del estado.
En Morena ya se habla de quién podría encabezar los próximos proyectos políticos. Coordinadora, coordinador o, para quienes defienden un lenguaje incluyente, coordinadore. Lo cierto es que nombres y grupos ya se mueven por todo Guerrero.
La pregunta es: ¿en dónde estuvo el árbitro electoral mientras todo esto ocurría?
Porque durante las últimas semanas se observaron recorridos, reuniones, espectaculares, lonas, panfletos, microperforados, pegotes, vehículos con sonido y numerosos simpatizantes recorriendo calles y comunidades.
Todo bajo el argumento de participar en la llamada “Defensa de la Soberanía”.
Pero aquí surge otra pregunta incómoda:
¿Defensa de la soberanía… o precampaña disfrazada?
Porque si no era una campaña electoral, entonces habría que explicar por qué hubo tanta movilización territorial, promoción personal, presencia en municipios y búsqueda abierta de simpatizantes para distintos proyectos.
El asunto resulta todavía más interesante porque, mientras desde Palacio Nacional se insiste en que las cosas marchan bien, que los delitos van a la baja, que la economía mantiene estabilidad y que existe respeto y buena relación entre los distintos actores de la llamada Cuarta Transformación, en Guerrero la clase política parece estar jugando otro partido.
Y como suele decirse en política: el pueblo tiene otros datos.
Los aspirantes ya recorrieron buena parte del estado. Tocaron puertas, encabezaron reuniones, sumaron simpatizantes y midieron fuerzas.
Entonces, ¿qué fue realmente la llamada Defensa de la Soberanía?
¿Un ejercicio político legítimo?
¿Una estrategia de organización interna?
¿O una forma de adelantar los tiempos electorales sin llamarle campaña?
El árbitro electoral tendrá que explicar, en su momento, qué observó, qué permitió y qué acciones tomó —si es que las tomó— frente a este despliegue político.
Porque una cosa es segura: la sucesión en Guerrero ya se siente en las calles, aunque oficialmente todavía falte camino por recorrer.
Y si los aspirantes ya tienen estructura, simpatizantes, promoción y presencia territorial, entonces quizá la verdadera campaña no comienza cuando lo marque el calendario electoral.
Quizá ya comenzó.
Y la llamada Defensa de la Soberanía podría terminar siendo, para algunos, simplemente pan y circo político con otro nombre.
La última palabra, como siempre, la tendrá el pueblo… y en su momento, el árbitro electoral.
