Enfoque
Carlos Díaz Figueroa
No se requiere de confrontación ni tampoco de dividir a los guerrerenses, solo se requiere respeto, lo que por derecho le corresponde al pueblo, que exige gobiernos de altura, separando los excesos del egoísmo de unos cuantos políticos.
“Guerrero aún sigue herido”, fue respuesta de las varias opiniones encontradas en los pasillos de oficinas de gobierno, entre otros espacios de concurrencia, en coincidencia con lo que día con día acontece en un estado complejo de gobernar.
Los aspirantes a convertirse en abanderados gobernador, diputados y alcaldes están obligados a cerrar la etapa de la simulación en ocurrencias que siguen desafiando por la falta de una cultura política de ética y principio de fondo.
Guerrero atraviesa una realidad que exige responsabilidad, diálogo y unidad, por encima de las diferencias internas y los intereses partidistas, que son factor de incertidumbre para edificar como un todo gobernabilidad.
“El Estado requiere unidad”, comparten actores políticos de oposición e inclusive de casa (oficialismo), al coincidir en que por encima de cualquier partido están el pueblo y las necesidades de causa y razón en la gente.
A manera de que los medios para trascender la crisis que vive la entidad deben ser por la vía del diálogo, donde más allá del interés particular debe estar el bienestar común e integral de las causas más sentidas de la población guerrerense.
