• vie. Ago 14th, 2026

DISRUPTIVA//Iguala: gobernar también es cambiar la cultura

Miguel Ángel Santos

El gobierno de Iguala ha entendido que cambiar la cultura que durante generaciones normalizó la desigualdad y, en los casos más graves, la violencia contra las mujeres, debe ser una acción impostergable.

La sesión del Sistema Municipal para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, así como del Sistema Municipal para la Igualdad entre Hombres y Mujeres, es una muestra de que en alcalde ha colocando el tema de los derechos de las mujeres dentro de la estructura formal de gobierno.

Catalán Rendón ha planteado que la igualdad debe traducirse en decisiones concretas. El ejemplo que ofrece es la composición de su propio gobierno: 50 por ciento de los principales cargos para mujeres y 50 por ciento para hombres.

La señal política es que si un gobierno quiere hablar de igualdad hacia afuera, primero tiene que practicarla hacia adentro.

La administración municipal está fortaleciendo una política preventiva.

Es decir, no esperar a que ocurra la violencia para reaccionar, sino construir mecanismos institucionales que permitan identificar riesgos, coordinar dependencias y generar condiciones para que esa violencia no ocurra.

Ahí aparece una idea que muchas veces se pierde en el debate público: combatir la violencia contra las mujeres no significa solamente perseguir al agresor después de que cometió un delito.

También significa trabajar en educación, prevención, atención, seguridad, cultura institucional y oportunidades.

Por eso resulta relevante que en estas sesiones participen la Secretaría de la Mujer, la Fiscalía General del Estado, Seguridad Pública, la Policía de Género y distintas áreas del Ayuntamiento.

Durante mucho tiempo se enseñaron roles diferentes para hombres y mujeres: al hombre se le atribuyó autoridad, mientras que a la mujer se le asignaron espacios subordinados.

Esa estructura puede sobrevivir incluso cuando las leyes ya reconocen la igualdad.

Por eso, un gobierno que incorpora mujeres en posiciones de decisión y establece políticas de igualdad está modificando los símbolos de poder.

Una niña que observa que las mujeres pueden ocupar espacios de responsabilidad pública recibe un mensaje distinto al de generaciones anteriores.

Una trabajadora que encuentra condiciones de respeto dentro de una institución pública también percibe que la igualdad puede convertirse en una práctica cotidiana.

Ese es quizá el reto más grande para Erik Catalán: conseguir que la paridad no sea solamente una fotografía de gabinete, sino una cultura de gobierno.

Desde la perspectiva política, Catalán está construyendo un gobierno equitativo y preventivo.

Con eso conecta dos demandas sociales distintas: la exigencia de mayor participación de las mujeres en los espacios de poder y la preocupación ciudadana por la violencia y la inseguridad.

El alcalde intenta responder a ambas desde una misma política pública: igualdad con prevención.

Ahora bien, el verdadero juicio estará en los resultados.

La ciudadanía observará si las mujeres que enfrentan violencia encuentran atención efectiva; si las instituciones responden oportunamente; si los protocolos funcionan y, sobre todo, si las acciones preventivas consiguen reducir los factores que generan violencia.

Ahí estará la diferencia entre una política pública que se anuncia y una política pública que transforma.

Erik Catalán plantea que la igualdad no es solamente un mandato legal, sino una convicción de gobierno.

Ahora viene la parte más difícil: convertir esa convicción en una práctica permanente.

Gobernar con perspectiva de igualdad no significa gobernar para las mujeres y dejar fuera a los hombres. Significa construir un municipio donde ninguno tenga que estar por encima del otro para sentirse reconocido.

Y quizá esa sea la idea más sencilla —y al mismo tiempo más profunda— detrás de estas acciones: un Iguala más justa no se construye únicamente castigando la violencia cuando ocurre, sino cambiando las condiciones culturales e institucionales que permiten que ocurra.

El reto de Erik Catalán es pasar del discurso a la vida cotidiana de las instituciones y de las colonias, para consolidar un gobierno verdaderamente equitativo, preventivo y comprometido con una transformación cultural.

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