Javier Saldaña, su llamado a la unidad en Morena
Roberto Santos
Este domingo, las canchas del PRD en Chilpancingo volvieron a mostrar la convocatoria de Javier Saldaña Almazán.
Más de 2 mil personas acudieron a su llamado. Esta cifra no es un invento, ahí están en los videos, que evidencia la presencia física de la gente.
Mientras algunos esperan la señal de sus dirigentes, otros calculan encuestas o buscan quién les abra la puerta, el exrector de la UAGro ha decidido caminar.
Y caminar significa estar en las regiones, hablar con la gente y organizar asambleas que, una tras otra, comienzan a adquirir dimensiones importantes.
En distintas regiones de Guerrero, Saldaña ha conseguido convocatorias multitudinarias.
Eso comienza a dibujar una lectura política sumamente interesante: dentro de los hombres que aspiran a tener un papel relevante en el futuro de la Cuarta Transformación en Guerrero, es uno de los que está demostrando capacidad de movilización territorial.
En política, el territorio sigue siendo fundamental para crecer una campaña. Pero hay algo todavía más interesante en su discurso: la unidad.
Mientras la política morenista guerrerense comienza a calentarse rumbo a la definición de candidaturas y posiciones, Saldaña insiste en que un partido dividido puede terminar siendo un partido debilitado.
No parece una preocupación gratuita. Quien conoce la historia política de la UAGro sabe que Saldaña aprendió ahí una de las materias más complicadas de la política: gobernar cuando todos quieren tener la razón.
Desde la Universidad, consiguió reunir a fuerzas distintas alrededor de objetivos comunes, particularmente la academia y la investigación, dejando en segundo plano la grilla que durante años consumió buena parte de la vida universitaria.
Esa experiencia ahora puede convertirse en una de sus cartas políticas.
Sabemos que Guerrero no necesita otra guerra interna dentro de Morena. Necesita una fuerza política capaz de llegar unida a la próxima contienda.
Y mientras Saldaña habla de unidad, otros actores también están midiendo músculo.
En Acapulco, por ejemplo, las asambleas informativas han mostrado otra fotografía del momento político.
Desde la Bonfil se reportó una concentración superior a 4 mil asistentes, con presencia de sectores diversos de la sociedad civil.
También en la Costa Chica se observa una estrategia territorial que busca conectar el discurso de la transformación con las comunidades, la cultura y las identidades regionales.
En una comunidad nahua, por ejemplo, se compartió el Himno Nacional en lengua náhuatl, una imagen que dice mucho más que un simple acto protocolario.
Y ese es precisamente el escenario que comienza a configurarse en Guerrero: distintos actores recorriendo el estado, realizando asambleas, escuchando a la gente y, sobre todo, tratando de demostrar quién tiene capacidad para conectar con el pueblo.
Saldaña parece haber entendido algo elemental: antes de pedir que lo sigan, hay que caminar.
Su apuesta no parece ser la de una campaña adelantada en términos formales, sino la construcción de una presencia política propia. Una agenda que no depende exclusivamente de las agendas de otros.
Y eso puede ser importante.
Porque en la carrera por definir quién habrá de conducir los destinos de la Cuarta Transformación en Guerrero, no solamente contará quién tiene padrinos, quién aparece en una encuesta o quién presume cercanía con las figuras nacionales.
También contará quién puede sentarse con los distintos grupos, quién puede evitar que las diferencias se conviertan en rupturas y, sobre todo, quién tiene capacidad para convocar.
Por ahora, Javier Saldaña está demostrando que puede hacerlo.
Más de 2 mil personas en Chilpancingo no resuelven una candidatura, pero sí mandan un potente mensaje.
Las asambleas en las regiones revelan estructura y fortaleza.
Y su insistencia en la unidad tampoco elimina las disputas internas, pero muestra que está jugando con una carta distinta: la de quien sabe que para ganar después, primero hay que evitar romperse antes.
En Guerrero, donde la política suele parecerse demasiado a una pelea familiar, quizá no sea mala idea que alguien recuerde que también se puede ganar aprendiendo a unir.
Y Saldaña, por lo pronto, ya está caminando y obteniendo simpatías.
