David Martínez Téllez
Analista político, comunicólogo y académico UAGro
Oscar Wilde, en la literatura, encontró una fórmula para la eterna juventud. Para conservarla, aparte de pactar, se convirtió en asesino. Otro mecanismo para perder identidad fue vivir y establecerse en distintos lugares.
En política, para conservar el poder, se tiene que controlar todo o casi todo. Se llama autoritarismo o totalitarismo o dictadura.
Para romper cualquiera de tres definiciones anteriores, la única condición es un enfrentamiento entre los que gobiernan o deciden. La oposición deja de existir; no incide.
En el modo de dictadura o autoritarismo, la mejor circunstancia para exterminarse es la soberbia de quien está empoderado. Errores propios (es una sola persona) y que no admite sugerencias o asesoramientos.
El rey cree que lo que diga o haga es lo mejor para todos. Se siente tan inteligente que planea quién debe sucederlo para después él decidir. El poder envilece. Pero él es el soberano y piensa en todo.
Al igual que la ficción de Wilde, el emperador de este texto en la vida real también es capaz de asesinar a adversarios o enemigos. Se sabe impune. Como ya lo escribí, controla todo.
El señor es incuestionable y por eso amenaza. Ah, me faltó escribir que presenta títulos nobiliarios y académicos, los cuales contrastan con su comportamiento.
En el tiempo que ha estado en el poder, entendió que para mantenerlo tuvo que llevar a cabo alianzas externas. Lo interno estaba bajo su mando.
Se congració con poder estatal y federal. Si estos poderes cambiaban de partido, fiel a su convicción, traicionaba a quien había perdido. Muerto el rey, viva el rey. En términos políticos, califica como: pragmatismo.
Lleva con cierta paz, tranquilidad y equilibrio su granja. El secreto: distribuye lo que se tiene. Para congratularse con los de mayor jerarquía, se postra.
Así es la política decretada, sin innovación.
Para desgracia de muchos, esta postura tiene éxito. Para fortuna, también no es eterna.
Dorian se autodestruyó; lo mismo pasa con autoritarismos o dictaduras.
