En Palacio de Gobierno se realizó un acto solemne para honrar a quienes perdieron la vida en los terremotos que marcaron la historia de México y reforzar el llamado a fortalecer la cultura de prevención.
Flor Miranda Mayo/Guerrero
Chilpancingo, Gro., 19 de septiembre de 2026.— A 41 años del terremoto de 1985 y nueve años del sismo de 2017, Guerrero rindió homenaje a las víctimas de ambos desastres naturales con el izamiento de la Bandera Nacional a media asta, durante una ceremonia realizada en la explanada de Palacio de Gobierno.
El acto se llevó a cabo en el marco del Día Nacional de Protección Civil y fue encabezado por la encargada de despacho de la Secretaría General de Gobierno, Anacleta López Vega, en representación del gobierno estatal que encabeza la gobernadora Evelyn Salgado Pineda.
Durante la ceremonia se recordó a las personas que perdieron la vida en los terremotos de 1985 y 2017, acontecimientos que dejaron una profunda huella en el país y que también marcaron un antes y un después en materia de prevención y atención de emergencias.
Las autoridades destacaron que las experiencias acumuladas a partir de estos desastres impulsaron el fortalecimiento de la cultura de protección civil y contribuyeron a la creación del Sistema Nacional de Protección Civil, orientado a reducir riesgos y proteger la vida y el patrimonio de la población ante fenómenos naturales.
En el acto, el gobierno de Guerrero refrendó su compromiso de mantener y fortalecer las acciones de prevención, preparación y respuesta ante posibles emergencias, así como de preservar la memoria de las víctimas.
A la ceremonia asistieron el secretario de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de Guerrero, Roberto Arroyo Matus; el subsecretario de Prevención y Reducción de Riesgos, Ricardo Ramírez Ibarra; la secretaria de Salud, Alondra García Carbajal, además de mandos militares y autoridades de los tres órdenes de gobierno.
El izamiento de la bandera a media asta se realizó como símbolo de respeto y memoria por las víctimas de los dos terremotos que, separados por 32 años, volvieron a poner a prueba la capacidad de respuesta y organización de México ante los desastres naturales.
