• jue. Sep 17th, 2026

Pasado y futuro político

David Martínez Téllez
Analista político, comunicólogo y académico UAGro

Una contienda política la gana quien tiene más poder. ¡Vaya descubrimiento! Nada nuevo. El quid se encuentra en cómo organizar ese poder.

Si bien en política es requisito sine qua non el dinero, lo trascendental es dónde se invierte. En ambiente democrático, al triunfador lo respaldan votos; contados por órgano independiente.

En partidos políticos gana la designación. Decisión vertical. Tuvo que ser Esthela Damián Peralta.

Va la explicación.

Gana Beatriz Mojica la coordinación y luego la candidatura a gobernadora por imposición del expresidente. El candidato natural de AMLO es Félix Salgado Macedonio.

La presidenta lo fue cercando con estatutos partidistas: nepotismo, luego pasado “oscuro”, principalmente. Pero Salgado dividió no la opinión pública, sino a la clase política morenista. Hizo campaña paralela con beneplácito de Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena; ambos gente de AMLO. Salgado dejó constancia de popularidad, hasta en el último momento. Estuvo ausente en las últimas negociaciones sin estar presente; pero representado por Ariadna Montiel.

A algunos morenistas idealistas les parece un contrasentido que Mojica Morga haya dicho, hace años, que ella no tiene perfil autoritario y que nunca estaría en un ambiente así. Entonces estaba en el PRD. Ahora en Morena y bajo las órdenes de AMLO.
Se parte del ideal de que con esas palabras debería estar, si no enojado el ex, por lo menos molesto. AMLO, en sentido politológico, es un animal político y busca el poder por el poder. En este nivel, lo que hayan dicho o hecho contra él queda en el olvido. El animal político ve el presente o al futuro.
E hicieron alianza Mojica y Salgado para cerrarle el paso a Esthela o a la presidenta.
No hicieron públicos ni resultados de encuestas, como tampoco nombraron casas encuestadoras. Definió la clase política y no el pueblo.
La aparición de Félix con asambleas informativas creó confusión entre simpatizantes morenistas. De no haberlo practicado, Esthela, tal vez, hubiera despegado y hubiera sido incuestionable.
Me imagino (por supuesto, es elucubración) que los resultados estuvieron muy cerrados entre tres personajes: Beatriz, Esthela y Félix. Declinó quien no podía estatutariamente y ya estuvo la ganadora.
Regreso a la fantasía. El parámetro de fuerza política de cada pretendiente morenista fue a través de fotografías publicadas en redes y medios. Para este comentario me baso en las declaraciones de Abelina López Rodríguez: “Quiero ver que junten a 100 mil personas”.
En el fondo, AMLO busca protegerse políticamente de lo que pueda realizar el gobierno norteamericano cuando reitera que México es controlado por cárteles.
Por lo menos existen tres signos de alianza del ex con esos grupos. La expresión: “Yo solté a Ovidio”, la protección a Rubén Rocha Moya, exgobernador de Sinaloa, acusado en Estados Unidos de tener nexos con “aquellos”, así como la ausencia de información del caso “La Barredora”, donde el líder es el exsecretario de Seguridad de Adán Augusto López, Hernán Bermúdez Requena, Augusto, brazo derecho del ex. El párrafo es testigo del vínculo entre políticos y “esos grupos”.
El último nombramiento de coordinadora en Baja California con Julieta Ramírez vuelve a reconfirmar que la presidenta sigue perdiendo frente a AMLO.
Ramírez aceptó públicamente buscar ser informante protegida en Estados Unidos. Esta condición obtiene beneficios. Al mismo tiempo revela que efectivamente siguen los lazos comunicantes entre políticos y “esos”.
Esta situación de perder posiciones políticas ofrece la lectura de que la presidenta Sheinbaum tiene la presidencia, pero no el poder.
Hay que esperar reacciones prácticas de dos actores importantes: de la presidenta de México y también del gobierno norteamericano.
Públicamente se puede decir que la presidenta es débil, frágil; sin embargo, también se siente herida y magullada (políticamente) y podría rebelarse ante esa humillación.
Estados Unidos sigue con atención los acontecimientos mexicanos y, con el poder (ya demostrado en Venezuela), podría intervenir. En Venezuela nadie o pocos chistaron.
Surge la duda. Si llegara un evento parecido al del país sudamericano, ¿habría una movilización a favor del detenido o secuestrado? Se pone interesante.

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