• lun. Sep 14th, 2026

DISRUPTIVA

Claudia Tacoronte: española que vino a México a estudiar y encontró la muerte

Miguel Ángel Santos

La muerte de Claudia Tacoronte Aguilera, estudiante de la Universidad de Granada que se encontraba en México realizando una movilidad académica en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, obliga a mirar esa realidad de que México sigue siendo un país donde ser mujer puede significar vivir bajo una amenaza permanente.

La condena expresada por la UAM y la solidaridad con la familia, la Universidad de Granada y la UAEM son necesarias, pero insuficientes.

Después de las condolencias vienen las preguntas: ¿quién asesinó a Claudia?, ¿por qué pudo hacerlo?, ¿qué falló para protegerla?, ¿qué autoridades tenían la responsabilidad de garantizar su seguridad? Y, sobre todo, ¿habrá justicia o este crimen terminará engrosando esa interminable estadística de mujeres asesinadas cuyos nombres con el tiempo dejan de aparecer en los titulares?

El gobierno de México y el de Morelos tienen una responsabilidad que va mucho más allá de emitir comunicados de condena.

Gobernar significa impedir que grupos o personas que delinquen actúen con la libertad suficiente para matar, desaparecer, extorsionar y sembrar miedo.

Y cuando existen indicios de complicidad, tolerancia o protección desde estructuras oficiales, el problema se convierte en una falla profunda del Estado.

Claudia Tacoronte, una estudiante española que estaba de intercambio en México, era una mujer joven que llegó a nuestro país para estudiar y vivir una experiencia académica.

Terminó convertida en víctima de una violencia que no distingue nacionalidades y que tiene como una de sus expresiones más brutales el feminicidio.

Su muerte nos recuerda que detrás de cada feminicidio hay una familia destruida, una vida interrumpida y un Estado que, en algún momento, no estuvo donde debía estar.

México no puede seguir por la ruta de que las mujeres sean asesinadas y después vengan las condolencias, las carpetas de investigación y las promesas de que “se llegará hasta las últimas consecuencias”.

Esa frase se ha vuelto casi un ritual burocrático. Lo que las familias necesitan no son consecuencias anunciadas, sino responsables detenidos, investigaciones serias y sentencias.

Y necesitan, sobre todo, que el Estado recupere el territorio que hoy disputan o controlan grupos criminales.

Claudia Tacoronte se suma así a una estadística que debería avergonzarnos.

Vivimos en un país donde persisten estructuras machistas, violencia de género y zonas donde la delincuencia actúa con una preocupante impunidad, por lo que proteger a las mujeres no debe ser un discurso de ocasión.

Si el Estado asumiera realmente su papel de protector, los criminales tendrían menos espacio para actuar.

Si la autoridad se ausenta, se corrompe o mira hacia otro lado, el delincuente entiende que puede hacer lo que quiera.

Y entonces las mujeres terminan pagando la factura más dolorosa de esa ausencia, como hoy lamentablemente le tocó a Claudia, la estudiante que vino a México por conocimiento, pero encontró la muerte.

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