Por: Penélope Tello
Es muy fácil señalar al gobierno por los problemas de una ciudad, pero es indispensable preguntarnos: ¿qué nos está pasando por dentro como seres humanos?
Lo ocurrido en el Bulevar de Chilpancingo no es solo un caso más de maltrato: atar a un perrito indefenso del cuello (y estoy siendo muy amable con la descripción) y abandonarlo a su suerte a mitad del tráfico es una muestra dolorosa de la deshumanización que nos acecha. Muestra la frialdad de quien ha perdido por completo la capacidad de sentir compasión.
Los animales sienten, sufren y dependen enteramente de nuestra humanidad. Quien es capaz de infligir semejante sufrimiento a un ser inocente que no puede defenderse, refleja una profunda grieta en el tejido social que nos rodea a todos.
La verdadera transformación de una comunidad no empieza en las leyes ni en las instituciones; empieza en el corazón de cada persona, en los valores que enseñamos en casa y en el respeto sagrado por la vida de cualquier ser vivo.
Si perdemos la empatía con los más indefensos, lo hemos perdido absolutamente todo como sociedad.
(Fotografía censurada por respeto a la audiencia).
