David Martínez Téllez
Analista político, comunicólogo y académico UAGro
Si en la vida verdadera, real, la que se encuentra a cada rato con banalidades y soberbias, los amigos al contabilizarlos y comparándolos con los dedos de una mano, éstos sobran.
Un comediante argentino de la década del 70 del siglo pasado satirizaba sobre la edad y el daño a la dentadura. Decía que la amistad y los dientes son como perlas, escasos.
Con un amigo compartes resentimientos, amarguras e ilusiones y celos. El vaso donde se bebe agua, pitillos de tabaco, y, por supuesto, residuos etílicos de la última botella. En épocas núbiles hasta los besos bucales de una novia. En este lapso de ninguna manera es enemigo, comparten como lo hacen los mejores amigos.
El amigo socorre en tiempos de apuro. En pleitos físicos intenta suplantarte; por dignidad y orgullo lo impides. Imita tus habilidades. Celebra junto a ti tus triunfos, para él deberían ser ajenos; pero te ensalza. Suda congojas.
La consecuencia normal de esa amistad, ya en matrimonio, muta a compadre. Padrino es el término popular. Así sería una descripción de amistad real.
Pero en política se entrelazan otras cuestiones. La sentencia cruda: primero intereses y muy alejadito la amistad. Se es leal hasta una oportunidad proveniente de otra persona. Si se comunica al jefe conservas amistad; evento contrario siembras desconfianza y etiquetado como desleal. Calificativo complicado de borrar en el currículum político; pero fácilmente ocultable con fiestas faraónicas.
En política ganas amigos si distribuyes parte de lo construido como riqueza. Torpe al repartir la propia; dar la proveniente del erario. Es una veta.
La mejor definición de política es obtener poder. Decidir. En esta definición ofreces premios y castigos. En ocasiones justificados y otros por humor o por gusto.
La amistad, recomendaba un personaje que llegó a ser gobernador, se demuestra cuando el conocido o amigo cobra cada 15 días en nómina.
El época electoral y en búsqueda de la nominación la amistad llega a deteriorarse. Incluso se rompe. Cada cual con virtudes y contactos anhela ganar. En ambiente político, sin decirlo, se declara la guerra. Ellos, los pretensos, lo entienden. Aquí todo es válido.
El conocimiento íntimo de quien fue amigo resulta eficaz. Ahora puedes aprovechar esa información y rebasas la línea delgada que se conoce como ambición. El amigo pasa a enemigo. No es traición. Simplemente objetiviza poder. En política es un paso obligado por experiencia.
