Historia, rieles y tradición de una tierra que hoy presume su identidad como Barrio Mágico.
Por / Enrique González Guerrero
APIZACO, Tlaxcala.- Hay ciudades que nacieron alrededor de una plaza, de una iglesia o de un antiguo asentamiento. Apizaco nació al paso del ferrocarril, y sus rieles terminaron convirtiéndose en parte de su identidad, de su historia y de la memoria de varias generaciones.
Hablar de Apizaco es hablar de una ciudad que creció junto con el desarrollo ferroviario de México. Su historia moderna está estrechamente relacionada con la construcción del Ferrocarril Mexicano, cuya ruta comunicó al centro del país con el puerto de Veracruz.
Fue en el siglo XIX cuando los primeros trabajadores y familias comenzaron a asentarse alrededor de las vías. El movimiento ferroviario trajo consigo comercio, empleos, talleres y nuevas oportunidades, haciendo que aquel pequeño punto de paso se transformara poco a poco en una ciudad.
La fecha oficial de fundación de Apizaco es el 1 de marzo de 1866, aunque sus antecedentes se encuentran en una región con historia mucho más antigua. Muy cerca se encuentra Apizaquito, antiguo San Luis Apizaco, cuyo origen se remonta a la época colonial.
El ferrocarril marcó un antes y un después. En 1868 comenzó a funcionar el tramo México-Apizaco y un año después, en 1869, quedó enlazado el ramal Apizaco-Puebla. La conexión ferroviaria convirtió a este lugar en un punto estratégico para el traslado de personas y mercancías.
Por ello, Apizaco ganó con el tiempo el sobrenombre de “Ciudad Rielera”.
Los talleres ferroviarios, las estaciones, los trabajadores y el constante movimiento de trenes fueron formando una comunidad con una identidad propia. El silbato de las locomotoras llegó a ser parte del paisaje cotidiano y quedó guardado en la memoria de quienes hicieron de esta ciudad su hogar.
Pero Apizaco no solamente es ferrocarril.
Es también comercio, tradición, gastronomía, deporte, cultura y gente trabajadora. Es una ciudad que ha sabido conservar parte de su pasado mientras mira hacia el futuro.
Hoy, esa historia cobra un nuevo significado con el reconocimiento de Apizaco como Barrio Mágico de Tlaxcala, distinción que reconoce sus atractivos, tradiciones y patrimonio.
Caminar por Apizaco es, de alguna manera, caminar sobre las huellas de quienes llegaron siguiendo las vías del tren. Es recordar que muchas ciudades mexicanas crecieron con el silbato de una locomotora como música de fondo.
Apizaco no olvidó sus raíces. Los rieles siguen hablando de su pasado y la ciudad continúa escribiendo su historia.
Porque Apizaco no solamente fue fundada junto al ferrocarril:
Apizaco aprendió a vivir, crecer y soñar al ritmo del tren.
