Miguel Ángel Santos
En Guerrero la política suele medirse por la fuerza de los grupos, la capacidad de movilización o el peso de los apellidos.
Sin embargo, el registro de Javier Saldaña Almazán envió la señal de la conciliación y la construcción de acuerdos.
El exrector de la Universidad Autónoma de Guerrero eligió un registro virtual, austero y rodeado de familiares y representantes de algunas de las figuras más emblemáticas de la izquierda guerrerense. El suyo fue un acto simbólico de memoria política.
El mensaje que Javier Saldaña fue el de reivindicar una historia de luchas sociales y evitar la confrontación interna.
Al definirse “abiertamente claudista”, lo hizo justo cuando Morena busca fortalecer el proyecto nacional encabezado por Claudia Sheinbaum Pardo.
Lo interesante de Saldaña es que decidió definirse sin ambigüedades y presentarse como un perfil identificado con una visión científica, humanista y de continuidad.
Sin duda, el activo más importante de Saldaña está en su experiencia como rector, porque conducir durante años a la máxima casa de estudios de Guerrero implica administrar diferencias, construir consensos, resolver conflictos y dialogar con sectores que pocas veces coinciden en una misma mesa.
La universidad es, en muchos sentidos, un pequeño retrato del estado: diversidad de ideas, intereses encontrados y una permanente exigencia de resultados.
Quien logra mantener estabilidad en la UAGro desarrolla una habilidad política que difícilmente se aprende en los mítines.
Por eso tampoco pasó desapercibido su llamado al respeto entre aspirantes, porque es fácil recurrir a la descalificación como estrategia.
Pero optar por la unidad representa un contraste que puede resultar atractivo para una parte del electorado y de la propia militancia, que ya están cansados de la polarización que ha generado Morena en el país.
Otro detalle relevante fue el reconocimiento público hacia Félix Salgado Macedonio y las palabras de respeto para la gobernadora Evelyn Salgado Pineda. Su mensaje busca desactivar cualquier confrontación y presentarse como un factor de cohesión.
Ahora viene la parte más importante. Las anunciadas “asambleas vivas” por las ocho regiones serán la verdadera prueba de fuego.
Ahí deberá demostrar que el prestigio académico puede convertirse en estructura territorial y que la capacidad de diálogo también puede traducirse en respaldo ciudadano.
Es sabido que en política a veces avanza quien escucha mejor, quien suma en lugar de dividir y quien entiende que el poder, como él mismo afirmó, no es un espacio para servirse, sino una responsabilidad para servir.
Ese será, sin duda, el principal examen de Javier Saldaña en una contienda donde la unidad puede convertirse en su mejor carta de presentación.

