• jue. Ene 8th, 2026

Urióstegui, el operador silencioso

Por Julio Zenón Flores

Jesús Urióstegui, actual presidente de la Junta de Coordinación Política, del Congreso de Guerrero, lo hizo otra vez: consiguió que 40 de los 44 diputados presentes aprobaran la reforma a la Ley Orgánica de la Universidad Autónoma de Guerrero.
No es un tema menor y tampoco lo hizo solo; contó con el respaldo de la gobernadora Evelyn Salgado y eso realza su labor, pues muestra un trabajo de equipo con una misma ruta para que las autoridades rindan buenas cuentas al pueblo.
La iniciativa enviada por el Ejecutivo había levantado resistencias en varios frentes —académicos, políticos y hasta internos dentro de Morena, aunque más de bloff de una ínfima minoría—, pero Urióstegui la condujo al puerto seguro. Lo interesante no fue la votación en sí, sino la forma en que la logró: sin presumirlo, sin presiones públicas, con un trabajo discreto de convencimiento que cruzó las líneas partidistas.
Ahí está su mérito. No todos los días se ve a un coordinador morenista lograr respaldo de la oposición en un tema tan sensible como la legislación universitaria. Y lo hizo sin sacrificar principios ni concesiones políticas indebidas. Simplemente apelando a la racionalidad: la universidad no podía seguir atrapada en inercias del pasado.
Lo que vemos es que su estilo es más de diálogo que de reflectores. No se le ve en conferencias ni en pleitos mediáticos, pero los resultados hablan. En su periodo al frente de la Jucopo ha conseguido acuerdos en temas donde otros no pudieron avanzar, y eso, en un Congreso tan fragmentado, es casi una rareza.
Quizá por eso su salida —que podría darse en diciembre, cuando toque la rotación del cargo según los acuerdos internos— dejará una sensación de orden y oficio. Y es que aunque tiene los votos para quedarse, no lo hará y ese detalle, en tiempos de ambiciones desbordadas, vale más que cualquier discurso de ética pública.
Urióstegui se irá, cuando tenga que irse, dejando constancia de que la política también puede hacerse desde la sencillez. Que no todo liderazgo necesita gritar o mover las manos o hacer gestos como Noroña. Que a veces basta con saber escuchar, leer bien los tiempos y decidir cuándo ceder para ganar.
Ese es su sello: el operador silencioso que consigue lo que otros apenas intentan.

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