Zona Cero
Roberto Santos
En política, las encuestas son solo una fotografía del momento, pero algunas revelan más de lo que parece.
La medición más reciente rumbo a la candidatura de Morena en Chilpancingo coloca a Jesús Urióstegui al frente con 30.9%.
Es una ventaja clara, pero aún lejos de ser definitiva. No hay espacio para confiarse, menos para echarse a la hamaca.
Ir arriba también tiene costo: quien encabeza, se convierte en el blanco. A Urióstegui le van a disputar la posición con todo. Hoy lidera, pero también carga con la presión de sostenerse.
El dato que hay que analizar es cómo está distribuido el respaldo. Héctor Suárez Basurto aparece con 16.9%, pese a su bajo actividad en el municipio. Diana Bernabé, con 14.1%, también figura en la contienda, quizá se deba a que sus empleados andan en territorio ofreciendo tinacos y lámparas.
Los números reflejan un Morena fragmentado, con varias corrientes activas y margen de crecimiento. Por lo que queda claro que la candidatura no se definirá solo en encuestas, sino en operación política, acuerdos y trabajo intenso territorial.
Ahí, la posible suma de adversarios puede convertirse en un factor clave frente al puntero. Morena no tiene una definición cerrada, sino una competencia interna viva.
Para Urióstegui, el reto es claro: convertir la ventaja en liderazgo sólido. Eso implica territorio, cercanía y compromisos reales con la ciudadanía.
Hay, además, un 14.8% de indecisos y un 4.8% que no responde. Ese es el verdadero campo de batalla. Ahí no gana quien va arriba, sino quien genera confianza, y para eso tendrá que gastar suela para recorrer las secciones electorales.
No hay atajos: quien quiera esos votos tendrá que caminar la calle y ensuciar sus zapatos.
