Zona Cero
Roberto Santos
“El fallo de la Suprema Corte valida en lo esencial la reforma y nos obliga a afinar aspectos técnicos, no a confrontar instituciones”, ha sostenido el presidente de la JUCOPO de la actual legislatura, Jesús Urióstegui García, delimitando una línea clara en el sentido de más que polemizar, se trata de corregir y coordinar.
Bajo esa lógica, y a pregunta de los reporteros, ha insistido en que el Congreso local trabajará en armonizar la legislación en conjunto con el Ejecutivo estatal, dejando ver una visión de construcción compartida.
La postura del diputado en momentos donde polarizar puede ser rentable políticamente, se declina por la estabilidad.
“La gobernabilidad se construye con acuerdos, no con imposiciones”, ha reiterado, colocando sobre la mesa una idea cada vez más escasa en la política local, consistente en la capacidad de procesar diferencias sin generar rupturas.
Su postura acerca de la reforma judicial perfila un estilo de hacer política que combina prudencia, técnica y sentido institucional.
Y es justamente ese perfil el que comienza a rendir frutos en el terreno electoral.
A poco más de un año de la contienda de 2027, el panorama en Chilpancingo empieza a definirse con datos concretos.
La más reciente encuesta de Arias Consultores coloca a Urióstegui como el aspirante mejor posicionado dentro de Morena, con un 26% de intención de voto, una ventaja que no solo es amplia, sino consistente frente a otros perfiles como Héctor Suárez Basurto, y Diana Bernabé Vega.
Sin duda, los números son importantes, pero también hay que destacar la narrativa que los acompaña en el municipio de Chilpancingo, donde la ciudadanía muestra fatiga frente a los discursos vacíos y la confrontación permanente, resaltando la imagen de un político que privilegia acuerdos, que ha sabido construir consensos desde la Junta de Coordinación Política y que mantiene una relación institucional sólida con el Ejecutivo estatal, convirtiéndose en un activo de alto valor.
Por supuesto que no es cosa fácil ni fortuita. Su paso por la presidencia de la JUCOPO está marcado por la capacidad de interlocución en un Congreso complejo, impulsando iniciativas sumamente importantes donde destaca la Ley Camila y la Alerta Violeta.
A ello se suma su cercanía con la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, no solo como aliado político, sino como un operador con experiencia en el funcionamiento del aparato público.
Así, lo que comienza como una postura frente a una reforma termina delineando un perfil político. Uno que, en lugar de apostar por el desgaste, se posiciona desde la responsabilidad.
Chilpancingo clama certezas, y Urióstegui representa menos confrontación, más acuerdos; menos improvisación, más capacidad.
Y en ese terreno, no solo compite, se perfila como el bueno para el 2027.
