• mié. Mar 25th, 2026

En memoria de doña Luz María

Por Enrique González Guerrero

La familia Gómez Hernández, al igual que muchas familias, ha llegado de diferentes municipios y estados de la República a formar la vida cotidiana en la ciudad capital, en Chilpancingo, y esta familia apreciada por vecinos de la colonia Los Ángeles, Lomas de San Antonio, el barrio de San Antonio.

“El Encanto”, desde su llegada a la calle Lorenzo Barcelata, casi esquina Guti Cárdenas, si la memoria no falla, antes de los años 70 del siglo pasado, llegó la familia antes mencionada a instalarse en ese domicilio actual hasta los años 80, última casa que se veía de lejos.

Ver barrer a doña Luz María, en paz descanse (T), como también a su vecina doña Serbanta (T), mi mamá doña Emperatriz (T), doña Febronia, la tía Bonchi (T), doña Sarita (T); toda esa calle las señoras solían barrer todas las mañanas y enseñaban a sus hijas e hijos a seguir con los buenos ejemplos.

A don Ignacio Gómez Ramírez (T), esposo de doña Luz María Hernández Ferral, se le veía salir y llegar todos los días acompañado de carpetas, cual licenciado o burócrata, a caminar a su trabajo puntual, guayabera y pantalón de vestir, mientras que la chamacada jugábamos en la calle aún sin pavimentar al juego de la pelota y toda ocurrencia en todos los juegos, y no faltaba el pleito de Dante Rodríguez contra Rufo o los hermanos Mendoza Hugo, Neftalí (T), ya que esa calle se hacía playa en tiempos de lluvias y fértil para dar una pelea y revolcada en la arena.

En los años 70 llegó la familia originaria de Papantla de Olarte, del estado de Veracruz. Esa familia procreó hijas, hijos, ahora ya todos adultos con preparación académica: Rosa María, Luz María, Rafael Luis (T), ya finado y muy amiguero Rafa, como le decíamos de cariño, primero en bailar cuando se trataba de sacar brillo al piso con doña Bonchi.

Siempre alegre para amenizar algún convivio, Ignacio, Nacho, le recordamos en las retas de futbol; le pegaba duro al balón. Ángel Alberto organizaba a la chamacada; se improvisó el primer ring de lucha libre amateur en ese domicilio particular, decíamos última casa; la colonia INDECO ni existía, mucho menos la colonia Cooperativa, las instalaciones de la feria.

Era un gran vivero de árboles frondosos y las jovencitas, bueno, casi niñas en esos años; Bety, Faby, Xanath jugaban por separadas, pero siempre con ese respeto de buenas vecinas, y Raymundo, “el Ray”.

Solíamos jugar en el mismo equipo y no faltaba el Rorro José Luis, el hermano de Malaco; ahora los tres en diferentes partes impartiendo clases y uno que otro en la grilla del Suspeg.

Algo que nos lleva a los años 75…

Cuando veíamos a Mari, la enfermera, así la identificábamos; estuche en mano, visitaba hogares para inyectar a los enfermos, pues era muy solicitada en colonias aledañas para colocar sueros o inyectar a los pacientes. En ese lugar ni existían las casas de salud como las hay ahora, y al amigo Ángel le decíamos el enfermero, mote que nunca supimos si era o no enfermero. Aquí el tema es que a toda la familia la veíamos con caras de enfermeros y mejor corríamos antes de que nos aplicaran una inyección.

Han pasado más de medio siglo de conocer a la familia Gómez Hernández y quisiéramos que el tiempo no pasara como en esos años donde la familia en mención daba posada en diciembre al Niño Dios, donde la madrina doña Martha, la carnicera, sigue siendo madrina.

Cuando tocaba la posada en la esquina de Lorenzo Barcelata, se disfrutaba de piñatas, ponche, sándwiches, aguinaldos y las colaciones dobles para Cirilo (T) el Pirri, Arturo y un servidor, ya que nos formábamos doble; al no haber esquina, solo era cuestión de inteligencia acompañada del hambre para recibir doble sándwich.

En el funeral, las sabias palabras del párroco Gabriel hicieron reflexionar a dos que tres al decir que el mejor regalo o la mejor ofrenda que le podemos dar a la hoy difunta es que toda la familia se mantenga unida. “No lo digo yo, lo dicen las sagradas escrituras”, mencionó el párroco. Después pasaron nieto y nieta Luis Enrique Gómez.

Muy buenos días tengan todos los hoy aquí presentes, hijos, nietos, vecinos y gente muy cercana a mi abuelita Luz María. Hoy es un día que nos duele mucho a todos, pero saben…

Ella nos quería a todos, nos encomendaba a Dios, y quienes nos pudimos despedir de ella, nos dio su bendición y eso es más que suficiente para saber que ella siempre nos acompañará.

Y abuelita, solo Dios y usted sabrá qué está pasando en estos momentos, pero sabemos que ya no está sufriendo y eso es más que un alivio para usted; es la libertad de este plano terrenal y un nuevo ciclo para que usted trascienda al reino de los cielos y se encuentre con mi abuelo Nacho y su hijo Rafael.

Les agradecemos de parte de la familia Gómez Hernández su atenta presencia y apoyo hacia nosotros; posteriormente les avisaremos dónde serán sus misas. Muchas gracias. Dios los bendiga.

Después de las palabras de Ángel, pidió perdón ante todos ahí presentes con voz entrecortada, ya que no es fácil de vivir el duelo, pero se escuchó claro al decir: Mamá, si te ofendí, perdóname, perdóname. Después del canto de una fina voz acompañado de guitarra en una ceremonia donde reinó la paz y tranquilidad, amigas y amigos acompañaron después al recorrido al panteón central; ahí vimos a nietas y nietos ya adultos, como es el joven de la Cruz Roja, su hermana y algunos; ya no los recuerdo por sus nombres, ya que son de otra generación, más jóvenes.

Un día para recibir a la primavera, la Madre Tierra y la naturaleza reclamaron el cuerpo de doña Luz María Hernández Ferel, para recibirla al eterno descanso y acompañe a su amado y su hijo. En paz descansen al lugar donde nadie quiere ir, pero algún día todas y todos emprendemos ese camino.

En paz descanse en memoria de nuestra vecina doña Luz María Hernández Ferral.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Verified by MonsterInsights