Roberto Santos
Parece que Jacinto González Varona tomó la mejor decisión al no buscar la Coordinación Municipal de Defensa de la Transformación en Chilpancingo y permanecer al frente de Morena en Guerrero.
Con ello, cambia el escenario político en la capital y se fortalece la posición de Jesús Urióstegui García.
Jacinto había expresado su intención de participar en la contienda interna, pero finalmente optó por no registrarse.
Su explicación es que la dirigencia estatal exige tiempo completo. Tiene lógica: conducir un partido que se prepara para las elecciones de 2027 implica atender estructuras, aspirantes, conflictos y acuerdos.
Y Morena, con tantos intereses reunidos bajo las mismas siglas, no es precisamente una oficina donde sobre el tiempo libre.
Pero la decisión no es solamente administrativa ni puede leerse como un retiro personal de la competencia.
También es una definición política sobre el lugar que Jacinto quiere ocupar en la sucesión local.
Al permanecer en la dirigencia estatal, conserva capacidad de interlocución con los distintos grupos, mantiene una posición estratégica en la operación partidista y evita convertirse en un contendiente más dentro de una disputa cuyo desenlace no tenía asegurado.
La consecuencia más inmediata de esta decisión favorece a Urióstegui, quien ya se registró para buscar la coordinación municipal.
El diputado local no solamente mantiene vivas sus posibilidades; llega a esta nueva etapa con un dato a su favor.
La encuesta de Massive Caller, levantada el 10 de octubre y difundida el día 14, lo coloca en el primer sitio entre los perfiles de Morena considerados para la alcaldía de Chilpancingo.
Ante la pregunta de a quién preferirían como candidato de ese partido, Urióstegui obtuvo 15.7 por ciento de las respuestas. Héctor Suárez Basurto apareció con 11.1 por ciento; Jorge Salgado Parra, con 10.2; y Diana Bernabé Vega, con 9.3.
El primer lugar representa una ventaja, pero tampoco es para echar las campanas al vuelo. El legislador tiene una oportunidad que podrá incrementar si consigue sumar respaldos más allá de quienes ya lo identifican como aspirante.
En una contienda interna, la encuesta ayuda, pero no hace milagros. También cuentan la estructura, las relaciones políticas y la capacidad de construir acuerdos sin convertir a los compañeros de partido en enemigos irreconciliables.
Urióstegui tiene, en ese escenario, la posibilidad de presentarse como un punto de convergencia.
Su posición en la encuesta le da visibilidad, pero necesita construir las alianzas y la estructura necesarias para competir con posibilidades reales de ganar el proceso interno.
Por ahora, tiene dos elementos a favor: encabeza la medición de Massive Caller y Jacinto González, quien habría podido convertirse en otro competidor por el espacio, decidió permanecer en la dirigencia estatal.
A ello se suma una oportunidad política: acercarse a los sectores que se quedaron sin un referente propio en la contienda y presentarse como una opción capaz de ordenar la competencia.
Claro, una cosa es ocupar ese espacio y otra conseguir que quienes lo disputaban estén dispuestos a respaldarlo.
Eso no significa que los demás aspirantes hayan desaparecido ni que la candidatura esté resuelta.
Significa que tendrán que encontrar argumentos, estructura y fuerza política para remontar una posición que hoy favorece a Urióstegui en esta medición.
Los otros perfiles enfrentan, por su parte, una decisión estratégica. Pueden competir por separado y confiar en que la dispersión de las preferencias les permita crecer, o buscar acuerdos para formar un bloque capaz de desafiar al puntero.
La encuesta muestra que ninguno tiene una ventaja definitiva, pero también revela que las preferencias están fragmentadas.
Ese escenario abre la puerta a las alianzas, aunque no garantiza que quienes hoy compiten por separado puedan ponerse de acuerdo mañana.
En Chilpancingo, Urióstegui tiene la oportunidad de demostrar que su primer lugar no es solamente una cifra, sino el punto de partida de una candidatura competitiva y de una alianza capaz de sostenerla.
Los demás tendrán que decidir si participan para disputar realmente la posición, si construyen un frente común o si terminan haciendo cuentas con una encuesta que, por ahora, no les sonríe.
Al final, Morena tendrá que demostrar que su dirigencia puede conducir el proceso sin inclinar la cancha ni romper los equilibrios internos.
Y los aspirantes deben saber que los tiempos han cambiado, porque ahora no será suficiente con levantar la mano , sino demostrar que tienen canicas con que participar.
La experiencia marca que la encuesta señala quién arranca adelante, pero la candidatura se gana cuando las preferencias se convierten en organización, acuerdos y capacidad de convocatoria.
