Enfoque
Carlos Díaz Figueroa
Foto: Tlachinollan
No se descarta la disminución de la pobreza, aunque el problema histórico se deriva de la falta de estrategias de alimentación de combate directo en zonas de alta marginación, principalmente en la región de la montaña en Guerrero.
La indigencia (pobreza) no solo es un problema social estatal, sino que, al igual, es un dilema de incertidumbre en el centro del país por la falta de visión de planeación y prioridad en los concentrados en los planes de los gobiernos.
Los gobiernos, particularmente en Guerrero, los indicadores de disminución no son buenos, pero tampoco malos, ante un fenómeno social que requiere, al igual también, un presupuesto digno para el combate y erradicar la pobreza.
A manera de que la disminución es una respuesta de responsabilidad, aun cuando el problema en mención debe ser orientado a través de programas de bienestar integral para las familias que habitan en condiciones de alta marginación.
La federación debe predicar con el ejemplo con planes estratégicos de cobertura global, sin argumentos y justificación en la asignación de presupuestos adicionales a los gobiernos estatales para superar tal incertidumbre.
En Guerrero, la pobreza ha avanzado con indicadores menores, aunque ampliando una política de apertura de igualdad ante un fenómeno que continúa siendo un tema histórico que requiere de la mayor atención del orden federal.
Y efectivamente, desde el gobierno del estado se han logrado avances importantes en las acciones implementadas, cuyas soluciones no solo deben estar en el discurso, sino de continuidad en respuestas alcanzables y determinantes.
De ahí, el desafío en el seguimiento al combate para seguir disminuyendo el problema social de la pobreza, principalmente con las causas sentidas en los pueblos de alta marginación, en un compromiso en los órdenes de gobierno.
