Evelyn: gobernabilidad
en un Guerrero difícil
Roberto Santos
Evelyn Salgado Pineda ha entrado al sexto año de gobierno, lo cual representa en sí mismo, una verdadera prueba política.
El estado ha tenido gobiernos que se desgastaron antes de tiempo, administraciones que terminaron atrapadas por las circunstancias y otras que sencillamente dejaron de tener capacidad para conducir el escenario político y social.
Evelyn Salgado Pineda entra a la recta final del sexenio como la primera mujer gobernadora de Guerrero y con una condición que no debe pasar inadvertida: hay gobierno, hay gobernabilidad y existe estabilidad institucional, aun cuando persisten problemas graves, particularmente en materia de seguridad y en algunas zonas donde los grupos criminales mantienen capacidad de presión.
Claro que no se trata de maquillar la realidad. Guerrero sigue teniendo regiones complejas, comunidades donde la presencia del crimen organizado representa una amenaza y una agenda de seguridad que está lejos de considerarse resuelta.
Pero una cosa es enfrentar territorios con problemas severos y otra muy distinta que el gobierno haya perdido la conducción del estado. La diferencia es fundamental y, en política, suele confundirse deliberadamente.
Los indicadores de seguridad reportados por la administración apuntan a una reducción de 61 por ciento en el promedio diario de homicidios dolosos y de 39 por ciento en el delito de extorsión.
También se reportan 990 detenciones en flagrancia, 633 órdenes de aprehensión ejecutadas y 114 personas detenidas por homicidio calificado.
Las cifras no eliminan el problema, pero muestran una acción institucional que sería absurdo desconocer.
En este escenario aparece también la medición de México Elige de septiembre de 2026, donde Evelyn obtiene el 48 por ciento de aprobación y lugar 11 entre las y los gobernadores del país, cuatro posiciones por encima de la medición anterior.
La encuesta fue levantada entre el 4 y el 8 de septiembre y se suma a otras mediciones de opinión pública que han registrado una tendencia positiva para la gobernadora.
Y hay otro elemento que no puede separarse del balance: Guerrero ha tenido que reconstruirse mientras se gobierna.
Acapulco todavía arrastra las consecuencias de Otis y John, y la administración ha debido responder simultáneamente a emergencias naturales, recuperación turística, infraestructura y atención social. Y lo ha hecho bien.
Gobernar después de una tragedia es complicado; hacerlo mientras continúan las disputas políticas y los problemas de seguridad es todavía más.
Por eso el sexto año adquiere una dimensión distinta. Evelyn no llega simplemente al último capítulo de su administración; llega a una etapa en la que puede comenzar a medirse el verdadero legado de su gobierno.
No habrá resuelto todos los problemas de Guerrero —eso sería una fantasía política—, pero tampoco puede decirse que el estado se encuentre sin gobierno, sin instituciones o sin rumbo.
Y quizá ahí esté la noticia política más importante: en un Guerrero acostumbrado a poner a prueba a sus gobernantes, Evelyn Salgado está llegando al final del sexenio con el gobierno en pie, la gobernabilidad funcionando y la estabilidad institucional preservada.
Sin duda, llegar al sexto año es una hazaña política en un estado complejo como Guerrero.
Así que cerrar con estabilidad y gobernabilidad será la verdadera prueba final para Evelyn Salgado Pineda.
Y a punto está de superar esa prueba y entregar buenas cuentas a la población.
V
