Por César González Guerrero.
Sin duda, todo cambia, los tiempos pasados, de los años setentas hacia atrás, los disfrutamos más que en la actualidad. Por supuesto con sus excepciones, cada quien a su manera y circunstancias.
Aparte de las vacaciones, de semana santa, de fin de año, fiestas patronales, y los “famosos puentes”, uno de los momentos esperados, en mi tierra Copala, cuando estudiamos la primaria (1961-1967), fueron los festejos de las fiestas patrias.
Recién iniciamos el Ciclo escolar empezaban los preparativos, ensayos del desfile con sus respectivos ejercicios, los bailables, declamaciones, escolta, etc., para los días 15 y 16 de septiembre.
Primero en el evento artístico cultural, antes de la ceremonia del grito, con la sencillez y humildad, características de las familias pobres que viven en los poblados rurales, aquellos pequeños alumnos, llegaban al evento, emocionados, y otros temerosos, acompañados de sus padres, más de las madres.
Los invitados y familiares ocupaban el mobiliario de la escuela, llamados “pupitres”, “butacas” o “bancas”, orgullosos de ver la actuación de sus hijos, animando con aplausos cada expresión artística. El personal docente y administrativo auxiliando, de forma ordenada y responsable, la logística del evento.
Previamente, los pequeños apoyaban, con alegría y emoción, haciendo trabajos de limpieza y colocación del mobiliario. Todos de prisa para su arreglo personal y estar puntuales en el inicio del programa.
En la cancha municipal, con piso de tierra, de la localidad, se desarrollaba el programa artístico y cultural, donde se demostraban capacidades, destrezas y habilidades de los pequeños menores de 12 años. Algunos ahí aprendimos algo de historia, literatura, baile y oratoria. Otros danza y declamación.
Muchos más fuimos forjados en la disciplina y el orden, la responsabilidad, el respeto y el compromiso.
El histórico desfile del 16 se caracterizaba por la marcialidad, orden y disciplina de los alumnos.
Ahí nos enseñaron el valor moral de nuestros símbolos patrios.
Las actividades cívicas en los pueblos fueron, y en algunas partes siguen siendo, actos de convivencia familiar, identidad nacional y disfrute de toda la comunidad.
Las fiestas patrias deben ser, y servir, como una estrategia de enseñanza aprendizaje, y una auténtica participación ciudadana.
La celebración de las fiestas patrias, de nuestra época, fueron parte de la enseñanza de los maestros y padres de familia, lo cual parece, se está olvidando.
Las fiestas patrias deben rescatar su esencia histórica y educativa, y no desviar el propósito fundamental, de forjar ciudadanos comprometidos con su tierra.
¡Viva México!
