• dom. Sep 20th, 2026

ZONA CERO/El cacique y la encuesta

Roberto Santos

En Guerrero hay una arraigada práctica política, que estos días se está utilizando en Morena: cuando el resultado favorece al jefe, se llama democracia; cuando no, se llama imposición.

Victoriano Wences Real parece atrapado en esa paradoja después de que Morena definió a Beatriz Mojica como coordinadora estatal.

Participó en el proceso, conoció las reglas y, una vez conocido el resultado, el dirigente del PT comenzó a pedir explicaciones, cuestionar la metodología y advertir que su partido podría ir por separado en 2027.

La democracia, al parecer, necesitaba otra encuesta hasta encontrar una respuesta que no lastime susceptibilidades.

Nadie puede objetar que Wences exija transparencia. Lo curioso es que el reclamo aparezca cuando el resultado no lo convence.

Ahora pretende que el PT tenga una suerte de derecho de veto sobre una decisión interna de Morena.

Una cosa es ser aliado y otra convertirse en el interventor de la alianza, con facultades para declarar válida o inválida una elección según el resultado.

Mientras Wences sigue aferrado al episodio, Morena ya empezó a pasar la página.

Irugami Perea, Jacinto González y Arturo Martínez llamaron a reconocer la definición y procesar las diferencias por las vías institucionales.

El mensaje es que Beatriz Mojica es la coordinadora y toca regresar al territorio.

Y ayer Félix Salgado Macedonio hizo lo propio al llamar a la unidad de quienes participaron y cuestionar a quienes pretenden prolongar la disputa después de conocer la decisión.

La propia Abelina López terminó desinflando otra parte del drama. Su equipo confirmó que permanece en Morena y aclaró que cuestionar aspectos del proceso no significa abandonar el partido.

Hay una diferencia elemental que conviene recordar: disentir no es desertar. Y eso deja a Wences en una posición incómoda: mientras otros inconformes parecen dispuestos a cerrar filas, él mantiene la puerta de la ruptura entreabierta, como quien espera que alguien llegue a ofrecerle una segunda oportunidad.

El PT tiene estructura, presencia territorial y representación política. Nadie sensato debería negarlo. Pero precisamente por eso resulta innecesario comportarse como si todo ese capital dependiera de la voluntad de un solo dirigente.

Si un partido tiene vida propia, su fuerza debería estar en su militancia y en sus votos, no en la capacidad de su jefe o cacique para mantener abierta una negociación. Y es que una alianza se construye entre partidos; no se administra como un feudo.

Victoriano Wences puede exigir transparencia, puede cuestionar el método y puede defender al PT.

Lo que no puede pretender es que la democracia tenga una puerta de entrada y otra de salida, y que ambas estén custodiadas por el mismo dirigente.

Morena ya cerró su proceso interno, Mojica ya recibió la responsabilidad de ser coordinadora y los demás hablan de unidad.

Ahora Wences tendrá que decidir si quiere ser el dirigente de un partido que negocia desde su fuerza o el cacique que patea la puerta porque todavía no acepta que esta vez no le abrieron.

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