A sus 62 años, una jornalera de Guerrero mantiene su viaje a los campos agrícolas; comenzó a trabajar en Sinaloa en 1996 y desde 2006 acude cada temporada al campo La 20
Flor Miranda Mayo/Guerrero
Tlapa, Gro., 10 de septiembre de 2026.— A los 62 años, una mujer indígena de Guerrero continúa viajando cada temporada a los campos agrícolas de Sinaloa para cortar chile morrón, una actividad que comenzó hace tres décadas, cuando la necesidad la obligó a dejar Acapulco junto con sus cuatro hijos.
Su historia comenzó en 1996, después de separarse de su esposo y quedarse sola con sus hijos. Vivía en Acapulco, donde se dedicaba a lavar ropa, pero los ingresos no eran suficientes para mantener a su familia.
Su madre le propuso entonces irse a Sinaloa con sus hermanos. No quería hacerlo porque no conocía el estado, pero finalmente tomó una decisión que cambiaría su vida: vendió su casa en Acapulco en apenas 2 mil pesos.
“Me fui con mis cuatro hijos, el mayor tenía 7 años y ahorita ya tiene 38, y además estaba embarazada”, relató.
Llegó primero al campo Isabeles, en Sinaloa, pero pronto se dio cuenta de que trabajando sola no podría obtener lo suficiente para alimentar a su familia. Por recomendación de su hermano se trasladó a Navolato, donde sus hijos también podían trabajar.
Ahí comenzó una historia marcada por la precariedad y el trabajo infantil.
La mujer recuerda que sus hijos, todavía pequeños, se incorporaron a las labores agrícolas. Unos 40 niños y niñas formaban una cuadrilla dedicada a deshierbar, mientras los adultos se encargaban de cortar.
Los menores recibían el mismo pago que ella: alrededor de 300 pesos a la semana.
“No pudieron estudiar mis hijos porque se dedicaron a trabajar”, recordó.
Durante siete años acudió a Navolato. Después pasó por otros campos agrícolas de Sinaloa y Baja California, buscando mejores ingresos. En 2003 trabajó en los campos Nogalitos y Gallo; posteriormente viajó a Baja California, donde estuvo en el campo Piloto, pero regresó a Sinaloa debido a los bajos salarios.
En 2006 llegó al campo La 20, donde desde entonces continúa trabajando cada temporada en el corte de chile morrón.
De 170 a 331 pesos al día
Cuando comenzó en ese campo, el pago era de 170 pesos diarios. Con los años, el salario aumentó y este 2026 recibe 331 pesos por jornada.
También existe la posibilidad de trabajar por tarea, con un pago de cinco pesos por cubeta de chile. Sin embargo, a sus 62 años prefiere cobrar por día.
“Si trabajamos por tarea pagan a 5 pesos la cubeta, pero prefiero trabajar por día porque ya tengo 62 años y me canso”, explicó.
A pesar de su edad, este año volvió a emprender el viaje desde la Montaña de Guerrero hacia Sinaloa. El pasado 8 de septiembre salió junto con otros jornaleros y jornaleras rumbo al campo agrícola, en una nueva temporada en la que las familias indígenas buscan en los surcos una alternativa para sobrevivir.
La sequía que golpeó durante semanas a la Montaña de Guerrero redujo las expectativas de las familias que dependen de la agricultura de subsistencia. Para ella, sin embargo, migrar a los campos no es una experiencia nueva: lleva alrededor de 30 años desplazándose entre comunidades y campos agrícolas para conseguir el ingreso que le permita sostener a su familia.
Su historia también refleja cómo la migración jornalera se convierte en un ciclo que puede extenderse por generaciones. Ella llegó a Sinaloa con sus hijos pequeños; ellos dejaron la escuela para incorporarse al trabajo agrícola y ahora, décadas después, ella continúa regresando a los mismos campos.
En esta temporada, volverá a recorrer los surcos de chile morrón. Ya no como aquella mujer joven que llegó desde Acapulco con cuatro hijos y un embarazo, sino como una jornalera de 62 años que, pese al cansancio, sigue dependiendo del trabajo del campo para salir adelante.
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