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La arquitectura del poder: Evelyn y el quinto año

Roberto Santos

La fotografía que acompaña este texto, donde la gobernadora aparece de pie, ligeramente inclinada hacia adelante, con las manos visibles sobre el podio y dos micrófonos delante, es sumamente interesante.

Semióticamente, el mensaje es claro: no está posando; está ejerciendo el papel de quien conduce.

Tampoco hay gestos de confrontación. Brazos abiertos, manos visibles, cuerpo relajado y mirada frontal construyen una idea de autoridad serena.

No exhibir poder, trasmite serenidad.

La imagen parece ser el complemento del discurso de su quinto año: gobernabilidad, diálogo, coordinación y estabilidad.

Y ahí está el dato político que vuelve más interesante la fotografía: 60.8 por ciento de aprobación y segundo lugar nacional en el Ranking de Gobernadores de México, según los datos difundidos.

Una encuesta no es una elección ni borra los problemas de Guerrero. Pero sería políticamente ingenuo ignorarla.

Llegar al quinto año con seis de cada diez ciudadanos expresando aprobación significa que el gobierno conserva un capital político considerable.

En una entidad marcada por desigualdades, conflictos sociales, inseguridad y rezagos históricos, mantener una percepción favorable no es poca cosa.

Por supuesto que no significa que Guerrero esté libre de conflictos. Significa que el gobierno ha construido canales institucionales para atenderlos.

Y ahí aparecen los resultados que el gobierno coloca como sus principales cartas de presentación.

En turismo, Guerrero ha buscado recuperar y fortalecer una de sus principales fuentes de empleo e ingresos. Acapulco, Taxco y Zihuatanejo no son solamente destinos turísticos: son economías completas de las que dependen hoteles, restaurantes, transportistas, comerciantes, artesanos y miles de familias.

En infraestructura carretera, la apuesta tiene una dimensión que va más allá de la obra pública.

En Guerrero, conectar una comunidad significa acercarla a servicios, mercados, escuelas y hospitales. Una carretera puede ser, en términos políticos, una herramienta de integración territorial.

En salud, el desafío es mayor porque ahí el ciudadano no evalúa discursos, sino resultados concretos: médicos, medicamentos, infraestructura y atención oportuna.

Es uno de los terrenos donde cualquier gobierno termina enfrentándose directamente con la realidad cotidiana.

La educación y la infraestructura educativa representan otra inversión de largo plazo. Una escuela no produce resultados políticos inmediatos, pero sí puede modificar el futuro de una comunidad.

Y está la transparencia, quizá el terreno donde cualquier administración debe ser más exigente consigo misma.

El uso de los recursos públicos no puede depender de la narrativa oficial: debe resistir la revisión ciudadana y de las instituciones fiscalizadoras.

Todo esto permite entender mejor el concepto de gobernabilidad.

Gobernar no es solamente inaugurar obras ni administrar presupuesto. Es mantener funcionando al Estado mientras se enfrentan problemas que Guerrero arrastra desde hace décadas.

Y aquí está el punto político central: Evelyn Salgado llega al quinto año con una combinación poco menor de activos: aprobación, gobernabilidad y una narrativa de resultados.

Aunque el 60.8 por ciento tampoco es un cheque en blanco.

Es capital político que puede convertirse en legado o diluirse si los resultados no logran consolidarse.

Y aquí aparece inevitablemente 2027. La sucesión todavía no se decide, pero el gobierno de Evelyn Salgado proyecta su etapa final con una ventaja que cualquier administración quisiera: una percepción ciudadana favorable.

Sin embargo, vendrá la parte más difícil. El sexto año no será solamente el año de cerrar obras y presentar balances.

Será cuando tendrá que demostrar que lo construido puede sostenerse más allá de una administración.

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