Zona Cero
Roberto Santos
La declaración de Jacinto González Varona acerca de que perfiles externos puedan competir por la coordinación de la defensa de la 4T en Guerrero abre una puerta que durante años estuvo entrecerrada y también obliga al partido a ser congruente con su discurso de transformación y apertura democrática.
Políticamente, el mensaje es claro. Morena busca legitimarse no solo hacia afuera, sino hacia adentro.
Permitir la participación de externos le da oxígeno a un proceso que, de otra forma, correría el riesgo de verse como una decisión cupular.
Es, en el fondo, una jugada para fortalecer la narrativa de que el movimiento no es un club cerrado, sino un espacio donde cabe quien tenga respaldo social.
Bajo esa lógica, se puede inscribir el rector Javier Saldaña Almazán, con el respaldo de su grupo de universitarios y la cercanía con Félix Salgado Macedonio; Sofío Ramírez Hernández, con vínculos con el grupo del exgobernador Ángel Aguirre Rivero; y Mario Moreno Arcos, quien mantiene una base electoral activa y presencia constante en territorio. Perfiles distintos, con estructuras y respaldos propios, que podrían convertir el proceso en algo más competitivo de lo habitual.
Sin embargo, el propio Jacinto González ha sido claro, al señalar que habrá filtros internos, y reglas que deben cumplir.
El calendario —registros en junio y una medición final entre seis aspirantes— sugiere un método ordenado, pero también controlado. Es decir, apertura sí, pero bajo condiciones bien delimitadas.
Aquí está el punto fino: Morena intenta equilibrar dos cosas que no siempre conviven bien —la apertura política y el control interno.
Permitir que entren externos, incluso empresarios o profesionistas sin militancia, puede enriquecer el proceso estatal y municipal y responder a una demanda real, que hay quienes consideran que fuera del sistema de partidos existen perfiles con mayor capacidad para resolver los problemas del estado y de los municipios.
La experiencia reciente ha demostrado que, en muchos casos, quienes llegan al poder no logran resolver los problemas, sino que los administran… o peor aún, los agravan.
Ya sea por falta de capacidad, por desinterés o por compromisos políticos poco claros, el resultado suele ser el mismo: una ciudadanía cada vez más distante de sus gobernantes.
Por eso, el planteamiento de evitar dádivas, espectaculares y guerra sucia suena no solo deseable, sino necesario. En el papel, es piso parejo. En la realidad, será una prueba de fuego. Porque abrir la puerta no garantiza que todos puedan cruzarla en igualdad de condiciones.
Ojalá que Morena esté dispuesto a que realmente compita quien tenga respaldo ciudadano, o el proceso terminará validando una decisión previamente tomada. La respuesta no estará en el discurso, sino en los hechos.
