– La lectura en Chilpancingo va a la baja, a pesar de tener “superlectores” en la capital del estado.
-La emblemática librería cerrará sus puertas este mes de marzo.
Por Evelin Gómez
Es mediodía, pero las estanterías tienen que vaciarse porque a fin de mes, luego de 34 años, la librería Macondo cerrará su primera sucursal.
Esa que Mario Martínez Rescalvo, fundador, cuenta a medios que naciera bajo un concepto de librería-café. Además, asegura con nostalgia que el cierre de esta sucursal —que vio nacer a sus hijas y a cientos de lectores— no es el fin; es la transformación de un espacio para lectura que lucha día a día contra la piratería y los libros digitales.
Así, mi mirada de adulta recorre las estanterías que de niña recorría pasillo por pasillo cuando mis abuelos me llevaban para que eligiera libros que leer y que hoy son las que mi pequeño recorre en búsqueda de los libros de dragones que tanto le gustan.
Pero ya van quedando vacías y con ellas cientos de historias de lectores.
Afortunadamente, no todo está perdido. Los libros están siendo trasladados a la sucursal que continuará abierta en la calle Teófilo Olea y Leyva número 33.
Amablemente, don Mario, librero y bibliófilo de toda la vida, cuenta que justamente el andador Zapata siempre ha sido en Chilpancingo el andador de la lectura, pues en los 70´ estuvo en ese lugar la Librería Universitaria y luego, él en 1982, puso la librería Espartaco en el famoso andador, hasta que cerró sus puertas y nació la Librería Macondo, que debe su nombre al Macondo mágico de Gabriel García Márquez.
Su esposa, Mary, quien amablemente nos cuenta también que hay personas que intentan rescatar el hábito de la lectura, nos habla de los pocos círculos lectores que incluyen a las librerías en Chilpancingo, como el de Tere Miranda o la maestra Martha del Instituto Windsor, que mes con mes compran entre 3 y 4 libros para leer en grupo.
LA RESISTENCIA DE LA LECTURA EN CHILPANCINGO Y EN TODO GUERRERO
Durante la entrevista, los dueños de la Macondo nos cuentan que al día pueden vender 3 libros. Y en días “fuertes 10 o 20”, siempre y cuando sea quincena o llegue un libro cuyas editoriales estén impulsando su venta mediante publicidad en redes sociales. Así nos lo cuenta Mary:
El problema es que, de los pocos lectores que hay, al menos en Chilpancingo, muchos no compran libros en el municipio. Los piden en internet o los compran digitales”.
Pero no es el único problema, don Mario, también habla de los libros pirata en Chilpancingo y la competencia desleal entre editoriales:
Hoy tenemos justamente otra competencia, mucha competencia desleal con las propias editoriales, sobre todo los libros de texto, pero también tenemos otra competencia con los libros piratas que ves en cualquier esquina.
Tú ves un libro que vale 300 en 50 pesos afuera y lo primero que piensa la gente es que le estás vendiendo el libro muy caro, pero no es cierto. Después se dan cuenta de que es pirata porque se rompe, ya que no tiene todo el texto”.
Además, la entrañable pareja reconoce que, aunque pocos, siempre hay nuevos lectores que ahorran para comprar al menos un libro cada pocos meses, aunque les gustaría leer más, pero su economía no lo permite.
EL CONTRASTE: DE LOS SUPERLECTORES EN CHILPANCINGO, A LA NULA VENTA DE LIBROS EN LA CAPITAL DEL ESTADO
El año antepasado, en Gráfico de Guerrero, expusimos una realidad llena de contrastes: Guerrero presenta uno de los índices de lectura y niveles educativos más bajos de México, situándose frecuentemente en rezago junto con Chiapas y Oaxaca.
La entidad registra un 13% de analfabetismo (13 personas analfabetas por cada 100 habitantes), superando significativamente el promedio nacional. La comprensión lectora es crítica, con alto rezago en áreas rurales.
En 2025, el plan gubernamental era abrir sucursales del Fondo de Cultura Económica en Acapulco y Taxco para reforzar el tema de la lectura, pero en Chilpancingo una de las pocas librerías emblemáticas cerrará a fin de mes.
El escritor Juan Sánchez Andraca reveló recientemente que su librería también está al borde de la desaparición.
Además, desde hace más de un año, la Biblioteca Pública Central Estatal Número 346, ubicada en Chilpancingo, permanece cerrada a causa de daños estructurales ocasionados por el huracán “John”.
Al respecto, la maestra Yedith Delgado Morales, directora de la biblioteca, relató que, de acuerdo a un dictamen de Protección Civil, el inmueble fue declarado inhabitable y, a pesar de las recientes manifestaciones para reactivarla, el gobierno parece no interesarse en el tema.
El contraste está en que, a pesar de los números rojos y el ineficiente apoyo a la lectura, la entidad tiene superlectores, es decir, personas que leen más de 30 libros al año.
En esa investigación que Gráfico de Guerrero realizó, hace casi dos años, este medio pudo encontrar al menos 22 personas que leen entre 30 y 180 libros al año.
Paradójicamente, en Chilpancingo es posible encontrar al mayor número de superlectores de la entidad: al menos 12, confirmados desde la publicación de nuestro reportaje.
Estudiantes de la UAGRO, docentes de la Facultad de Filosofía y Letras, periodistas figuran entre los superlectores de la capital del estado, que poco a poco cierra sus puertas no a una librería, sino a la experiencia de ir a una librería, recorrer pasillos con estantes llenos de libros que les dejen una historia propia que contar y luego, abrirlo, para que desprenda ese clásico olor a nuevo que a todos los bibliófilos les gusta.
La Macondo no es una librería, es la resistencia lectora que lucha por no caer en el olvido, porque un libro digital no sustituye la experiencia de tocar, abrazar y tener entre tus manos un libro que no se lee; se guarda para siempre en el alma del que lee.
